Hablemos de hipersexualización

Anna Plans es presidenta de la Asociación de Consumidores de Medios Audiovisuales de Cataluña, experta en hipersexualización de la Fundación Aprender a Mirar y autora del libro Respeta mi sexualidad. Educar en un mundo hipersexualizado.

En esta entrevista, Plans responde a las preguntas que más frecuentemente madres, padres y educadores realizan en los talleres sobre hipersexualización en las redes sociales que se realizan en los centros educativos a través del Programa de Educación Audiovisual coordinado por la Fundación en colaboración con la Asociación.

¿Qué significa exactamente hipersexualización? ¿Dónde la vemos y qué consecuencias tiene?

La hipersexualización consiste en resaltar los atributos sexuales de una persona por encima de cualquier cualidad que pueda definirla. Respecto a la hipersexualización infantil, parece que todo empezó en el mundo de la moda, la publicidad y los concursos de belleza. Existe un estudio muy interesante que muestra cómo las marcas de moda infantil sexualizan a los niños y niñas desde sus comunicaciones comerciales en internet. Además, el mismo cita un amplio número de autores que señalan que los sectores de la moda y de la publicidad son los que más han propiciado la aparición y el desarrollo de la sexualización infantil.

Hoy, las redes sociales han perpetuado este modelo hipersexualizado. Muchas mujeres y chicas que se han convertido en referentes para las jóvenes, usan – tras un aparente discurso feminista– su cuerpo hipersexualizado para conseguir audiencia, fama o dinero. El problema surge cuando las jóvenes se lo creen, porque hay evidencias que relacionan la hipersexualización con la baja autoestima.

Y, entonces, aparecen las fragilidades contemporáneas con problemas como fobias sociales, anorexia, bulimia y depresión. Así mismo, una baja autoestima puede condicionar la elección de amistades y parejas tóxicas. Sólo hace falta ver el numero de menores enjuiciados por violencia de género en los últimos años o el hecho de que la mayoría de los jóvenes considera aceptable e incluso inevitable el control abusivo por parte de sus parejas.

Hablemos de hipersexualizacion

Hablas de un mundo hipersexualizado. ¿Por qué?

El sexo vende y esta es la cuestión. Podríamos decir que nuestro cuerpo es el objeto que se utiliza para atraer a los consumidores. Todo es consumible y se puede comercializar incluso con lo que somos.

Es negocio que nos abonamos a Netflix. Es negocio que leamos Cincuenta sombras de Grey. Es negocio que miremos La isla de las tentaciones y también lo es que tuiteemos sobre esto. Mar Pons, mi compañera de la Asociación de Consumidores, afirma que “el sexo es tan eficaz como herramienta de venta que son demasiados los que, abandonando el ingenio y la capacidad creativa, recurren a él como un náufrago se agarra a un salvavidas”.

Las redes sociales, con millones de usuarios, lo que hacen es perpetuar el modelo de hipersexualización, pero con la agravante de que en este medio hay menos control y más visibilidad. De este modo, la infancia se convierte en el blanco ideal. Normalizando la hipersexualización, el mercado gana. Y por si no fuera suficiente, se consigue blanquear la pornografía y la prostitución sin hacer mucho de ruido.

Hablas de una hipersexualización basada en atributos físicos. ¿La sexualidad es solo eso?

Para nada. La sexualidad tiene más dimensiones. Las prácticas sexuales son solo una parte de la dimensión “sexualidad”.

Considero imprescindible una educación afectivo sexual que incluya todas las dimensiones de la persona y que sea respetuosa con todas las cosmovisiones. Con esta, cualquier cultura debe sentirse siempre cómoda y no puede ser nociva para la persona: un planteamiento más transversal del que actualmente se plantea. Una educación afectivo sexual centrada en los aspectos afectivos.

¿Consideras que las familias son conscientes de los riesgos a los que se exponent sus hijos en determinadas redes sociales?

Creo que, en general, no somos conscientes. Un estudio reciente revela que seis de cada diez padres no saben qué contenido ven sus hijos en línea. Y, mientras tanto, es una realidad el aumento de diferentes formas de violencia en línea como el grooming (adultos que se acercan a menores en las redes para satisfacer sus deseos sexuales), el sexting coercitivo, la sextorsión, el ciberacoso, el consumo de pornografía, etc. Ser conscientes de esto es un primer paso para poder discernir qué podemos hacer para navegar en estas aguas.

Con esta pretensión escribí mi libro Respeta mi sexualidad, para que padres, madres y educadores abrieran los ojos y perdieran el miedo de educar en este entorno erotizado. El libro muestra la realidad en la cual se mueve la infancia de hoy. Y también responde preguntas fundamentales que se pueden usar como argumentos para hablar claro de una vez por todas sobre pornografía, sexting y sexualidad saludable. Un padre, madre y/o educador, después de leerlo, estará preparado para afrontar preguntas incómodas como “¿y si descubro que mi hijo o mi hija consume pornografía? “¿Cómo lo hablo con ellos?” “Qué hago?”.

En medio de este bombardeo por tierra, mar y aire de programas, anuncios, series, plataformas de internet y canciones hipersexualizadas,  ¿qué responsabilidad tenemos como sociedad?

A mi parecer, se hace muy conveniente el compromiso de todos los actores: políticos, medios de comunicación, escuelas y, principalmente, las familias. En consecuencia y en primer lugar, es prioritario que los legisladores aprueben medidas para proteger a la infancia. La mayoría de los menores se encuentran desamparados ante un entorno hipersexualizado al que pueden acceder con un simple clic.

Por eso, es importante exigir a los que pueden fomentar leyes que hagan su trabajo. Por ejemplo, un menor de 14 años en España, según el art. 13 del Real Decreto 1720/2007, de 21 de diciembre, no puede abrirse una cuenta en una plataforma digital sin un consentimiento paterno o materno. Por esta razón, es básico exigirles que adopten medidas para cumplir la RGPD.

A la vez, estas empresas audiovisuales buscan un beneficio económico, y su modelo de negocio se sustenta esencialmente en la publicidad. De ahí que, al problema que se deriva de la visualización de un contenido no apropiado para su edad o al de los peligros de sufrir los nuevos tipos de violencia online, se suma la gestión que hacen esas plataformas de los datos de los menores.

Hablas de los medios, ¿qué papel consideras que deberían asumir?

Creo que deberían asumir un papel más destacado, que incluyera campañas de sensibilización en torno a la edad mínima de acceso a las redes sociales y a la toma de conciencia de no sexualizar a niñas y niños en redes tan conocidas como TikTok e Instagram (similares a Letting children be children, que ya alertó acerca del copioso contenido sexual que rodea de forma persistente a la infancia). Por nuestra parte, desde la Fundación Aprender a Mirar y la Asociación de Consumidores de Medios Audiovisuales, se trabaja con las campañas #ShesAPerson y #LiveYourRealLife.

En cuanto al ámbito educativo, ¿qué recomendarías?

Deberían empezar por iniciar a concienciar desde las escuelas para prevenir especialmente la hipersexualización de las niñas, por ejemplo, facilitando material pedagógico para que puedan trabajarlo en las aulas. En este sentido, pienso que, si la infancia crece ejercitando el pensamiento crítico, se podrán evitar muchos abusos. Pero también es fundamental la formación de familias y educadores. Desde la Fundación Aprender a Mirar, trabajamos por la defensa del menor en internet a través de la difusión del conocimiento y del empoderamiento, justamente, educativo.

Respecto a las familias, ¿qué importancia le das a la responsabilidad que tienen en la educación para prevenir la hipersexualización?

El mejor escudo contra la hipersexualización es sentirse queridos. ¿Qué es lo que dejará huella a los menores? Nuestra mirada, nuestra forma de tratarles y la calidad del tiempo compartido. Incluyamos en ese tiempo un ocio saludable que les sirva para su crecimiento personal.

Potenciemos en ellos los hábitos buenos, para que su cerebro emocional los incorpore. Cuidemos su intimidad desde la infancia y generemos espacios que favorezcan unos vínculos afectivos sanos. Evitemos sobreexponerles.
Tenemos que valorarles por lo que son, resaltar sus habilidades y quitar importancia a sus atributos físicos. Un menor que se sienta querido será capaz de tratarse bien a sí mismo, sin necesidad de sobreexponerse, valorándose por lo que es. Eso le capacitará para mantener relaciones sanas con sus iguales.

Hablemos de hipersexualizacion

Recomiéndanos alguna herramienta concreta que pueda servir para comunicarnos con nuestros hijos y poder hablar de la hipersexualización.

Con la Fundación Aprender a Mirar hemos desarrollado un test muy útil para detectar la hipersexualización en las publicaciones de Instagram. Concretamente se trata de dos: el #HiperTestKid hasta doce años de edad y el #HiperTestTeen dirigido a menores de trece a diecisiete años.

Personalmente, considero que se trata de una herramienta muy potente para desenmascarar con tus hijos la hipersexualización objetivamente y sin moralinas.

Firma: Anna Plans