Apasionante serie histórica sobre el ascenso del pastor David hasta convertirse en rey de Israel, con su firme confianza en Dios como hilo conductor. Un relato desarrollado a lo largo de dos temporadas que avanza entre múltiples personajes bíblicos y unas tramas muy bien hilvanadas.
Tras producciones de inspiración cristiana como La canción de mi padre y October Baby, Jon Erwin y Jon Gunn se lanzan con esta serie que incorpora algunos elementos ficticios, pero se mantiene bastante fiel al relato bíblico narrado en los libros de los Profetas y los Reyes. La casa de David teletransporta al espectador al pasado y genera una notable sensación de inmersión en aquellos siglos anteriores a Cristo, en los que el Antiguo Testamento deja entrever los conflictos éticos, políticos y religiosos que marcaron aquel tiempo.
Todo ello se sostiene sobre una excelente dirección de arte y un guion muy bien aquilatado, capaz de combinar de forma armónica las distintas tramas, así como las batallas entre los israelitas, los filisteos y otros pueblos enemigos de Israel. La banda sonora potencia el tono épico de la propuesta, aunque también deja espacio para la contemplación, especialmente en aquellas escenas en las que vemos a David tocar su arpa y cantar para Dios.
En este sentido, La casa de David combina con acierto la dimensión aventurera y bélica con otra profundamente espiritual, al mostrar sus diálogos íntimos con Dios, con el profeta Samuel o con su querida Mical, hija de Saúl. Los personajes están bien construidos y revelan sus dilemas más hondos, en los que el corazón pugna entre la ambición de poder y el deseo de procurar el bien común. Pero, sobre todo, se percibe la inquebrantable fe de David ante las no pocas adversidades que deberá afrontar.
Asimismo, el reparto está muy bien elegido. Entre las interpretaciones, sobresale Ali Suliman como Saúl, a quien dota de una personalidad vanidosa y frágil, obsesionada con conservar su trono. También destaca Stephen Lang, que destila sabiduría y poso en su interpretación del profeta Samuel. Pero es Michael Iskander quien brilla con mayor fuerza al construir un David verosímil, humilde y de personalidad magnética.
Así, La casa de David se posiciona como una buena elección para quienes busquen una serie que combine historia, aventuras, amor y fe. Un relato con un guion bien pensado, unas interpretaciones muy logradas y una puesta en escena capaz de recrear con fuerza el universo bíblico.
Firma: Rocío Montuenga
David es un joven pastor de origen humilde que, por designio divino, es ungido por el anciano profeta Samuel como futuro rey de Israel. Este acontecimiento da un vuelco radical a su vida y lo introduce en la corte de Saúl, un monarca poderoso que comienza a sucumbir a su propio orgullo y a ver en el joven una amenaza creciente para su trono.
En un entorno marcado por las intrigas políticas, la ambición y la lucha por el poder, David deberá afrontar pruebas cada vez más arduas mientras se abre camino hacia la consecución de su propósito.