Una jubilación que llega antes de tiempo y un caso por resolver que pesa en la conciencia. Dos factores con los que juega el asesino para perturba a su nueva presa.
Esta miniserie británica ofrece el juego entre un detective retirado, Huw Miller (Jason Watkins), y un asesino en serie, Patrick Harbottle (Robson Green), que logró esquivar a la policía durante años.
Ambientada en una tranquila zona residencial, Patrick se esconde tras una fachada impecable: un hombre apuesto, amable y dispuesto a ayudar a sus nuevos vecinos en lo que haga falta. Mientras que Huw, es un hombre corriente que aborrece cualquier otra cosa que no sea resolver crímenes, lo que le ha llevado a una innegable obsesión por el caso más mediático que no puedo resolver. Además, el físico de ambos lo dice todo. Y, tras la agradable apariencia de un nuevo vecino ¿quién podrá creerse a un detective jubilado que no sabe qué hacer con su tiempo libre?
De esta forma, el espectador, que tiene la misma información que el protagonista, puede, en no pocas ocasiones, desesperar ante la torpeza del detective para enfrentarse al criminal. Y, por otro lado, en una resolución ciertamente precipitada, se fuerzan algunos “descuidos” impropios de la mente calculadora del sociópata. Pero algo debía pasar para que las cosas acabaran como la mayoría espera.
En el trayecto, se disfruta con este juego de engaños, sospechas y certezas. Destaca la sólida relación del matrimonio, el papel de una amistad sincera y, de forma opuesta, la deslealtad de vecinos y compañeros. Aquí, la fachada y los cimientos se enfrentan cara a cara.
En un tono muy inglés, con sus ritmos, sus días grises y sus personajes monótonos, la intriga, la tensión y una dosificación planeada de la información conducen a un relato que atrapa y convence. A pesar de los tópicos que retrata y algún vacío narrativo, El juego del asesino es una opción a tener en cuenta.
Firma: Mar Pons
Llega el día de su jubilación y a Huw Miller le aterra enormemente enfrentarse a ella. Toda su vida ha querido ser detective y ha ejercido su profesión con tenacidad, hasta llegar a ser uno de los mejores. Solo hay un caso que le pesa en la conciencia y en su expediente: el del Acosador de Ripton.
Años atrás, dejó escapar al asesino en serie, fue apartado de la investigación y nadie pudo dar con él. Ahora, tras la muerte de su amigo y vecino, Frank, un nuevo inquilino, Patrick Harbottle, se instala para alborotar el pacífico barrio residencial en el que vive el matrimonio Miller. ¿Será Patrick el Acosador de Ripton, que vuelve para acabar el juego?