Anoche llegó el cierre de la temporada de premios con la 98ª edición de los Oscar en el habitual Dolby Theatre de Los Ángeles, con el glamour previsible y un fuerte dispositivo de seguridad dado el clima político-bélico actual. El presentador de televisión, comediante, guionista y productor Conan O’Brien repitió por segundo año consecutivo como maestro de ceremonia en una noche con pocas sorpresas y el estreno de una nueva categoría (la vigesimocuarta): Mejor dirección de casting.
Después de once nominaciones –sin sumar las de este año–, la Academia tenía pendiente el reconocimiento de un cineasta como Paul Thomas Anderson (PTA) y su prolífica filmografía hasta la fecha, con obras como El hilo invisible, Licorice Pizza o Pozos de ambición. Finalmente, su trabajo fue recompensado con el premio a Mejor guion adaptado, Mejor dirección y Mejor película. Asimismo, Una batalla tras otra llegó a acumular otros tres galardones: Mejor actor de reparto, Mejor montaje y, la recién llegada, Mejor dirección de casting.
Aunque para “las primeras veces” encontramos a tres de los premiados en las categorías interpretativas. Jessie Buckley y Amy Madigan habían estado nominadas previamente en una ocasión y, en su caso, a la segunda fue la vencida. La estatuilla para Buckley estaba asegurada después de una sólida carrera de premios, con cada uno de los galardones obtenidos, y una interpretación desgarradora que debería estudiarse. En el caso de la veterana Amy Madigan, a sus setenta y cinco años recogió el título de mejor secundaria por una película de terror, abriendo así la puerta a un género para el que estos certámenes se suelen mostrar reacios.

En la categoría masculina, pasamos de un primerizo Michael B. Jordan –primera nominación y primer Oscar– que, pese a haber ofrecido grandes papeles, se encumbró con una interpretación sobredimensionada y menos destacable que sus otros cuatro competidores. Por su parte, Sean Penn no hizo acto de presencia para recoger su tercera estatuilla, esa que le permitió entrar en el selecto grupo de los actores con más Oscar formado por Walter Brennan, Daniel Day-Lewis y Jack Nicholson.
También el compositor Ludwig Göransson se llevó a casa su tercer hombrecillo dorado por la banda sonora de Los pecadores, después de haberlo logrado respectivamente con la de Oppenheimer y Black Panther.

Este año la categoría de animación estaba bastante asegurada, a pesar de contar entre sus cinco candidatas con propuestas originales (Arco), adaptaciones sumamente entrañables (Little Amélie), la apuesta anual de Pixar (Elio) y elogiables secuelas (Zootrópolis 2). Al final, Las guerreras del k-pop fue la ganadora y, asimismo, completó su palmarés con el premio a la Mejor canción original: Golden, un tema pegadizo y viral en redes.
En el caso de las películas internacionales, una gran parte de ellas eran merecedoras triunfadoras y, a diferencia de la mayoría de producciones estadounidenses, en ellas sí se encontraban historias que apelaban a un cine reflexivo y crítico con nuestra contemporaneidad, relatos que apelaban más allá del mero entretenimiento o la manida “idiosincrasia americana”. Así pues, Un simple accidente, La voz de Hind o El agente secreto no se sobrepusieron a Valor sentimental, pero cada una de ellas es una propuesta a tener en cuenta y de recomendado visionado. Igualmente, Sîrat se fue a casa con las manos vacías, sin Mejor película internacional y sin Mejor sonido.

Dejando de lado las anteriores propuestas o a la gran vencedora de la noche (Una batalla tras otra) –que desde la sátira y el dominio narrativo realiza una sólida radiografía del estado de la nación estadounidense y del peligro de los extremismos políticos e ideológicos–, hubo pocas más películas hubo que retrataran los convulsos tiempos que estamos viviendo. Al igual que en los discursos y el monólogo de O’Brien, la actualidad pasó con pies de plomo y quizás solo la victoria a Mejor documental para Mr. Nobody Against Putin y a Mejor cortometraje documental para All the Empty Rooms mostraron una mirada más allá de lo festivo.
A pesar de hacer historia con el mayor número de nominaciones en la historia de los Óscar (16), Los pecadores también se convirtió en la que más nominaciones ha perdido. No obstante, se convirtió en la segunda más premiada. A los ya mencionados galardones en interpretación y banda sonora, se sumaron también los de Mejor guion original y Mejor fotografía.
El bronce fue para el Frankenstein de Guillermo del Toro, que demostró solidez en todo su despliegue artístico. Así pues, aunó los Oscar a Mejor diseño de producción, Mejor vestuario y Mejor maquillaje y peluquería, categorías en las que las producciones del realizador mexicano acostumbran a estar presentes dadas su creatividad e imaginación.
Por último, queda mencionar las dos disciplinas técnicas restantes. F1 sorprendió cuando, al revelarse las nominaciones, obtuvo mención hasta en cuatro categorías y, entre ellas, a Mejor película. Sin embargo, tan solo se acabó llevando el galardón a Mejor sonido. En el caso del de Mejores efectos visuales, el premio se lo arrebató –como era esperable– Avatar: fuego y cenizas, un reconocimiento que ha sido alcanzado por cada una de las tres partes de la saga.


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Firma: Yoel González