El mes del… biopic está dedicado a dos británicos de fama universal: Mr. Wain, dirigida por Will Sharpe y protagonizada por Benedict Cumberbatch, retrata la vida del insólito artista e ingenioso inventor Louis Wain, mientras que Churchill, de Jonathan Teplitzky y con el actor Brian Cox, muestra la intimidad y la fragilidad del gran político y estadista.
Benedict Cumberbatch deslumbra con una de sus mejores actuaciones en un film sobre la inspiradora vida de Louis Wain. Con un estilo visual fascinante, la historia reflexiona sobre la capacidad de mirar y captar la belleza.

Will Sharpe envuelve la vida del pintor en un contenido visual muy próximo a su propia obra. De este modo, cada plano está compuesto de infinitos detalles, colores y composiciones que hacen que parezca, en sí mismo, un cuadro. La superposición de un plano sobre el siguiente, aunque puede acabar agotando por los excesos, ayuda a que el espectador aprecie esa belleza sobre la que tanto hablan los protagonistas. Incluso aunque a veces pasan a cámara lenta, el público percibe con nitidez la trepidante –y eléctrica– actividad de Louis Wain.
El vínculo entre la pareja es uno de los puntos fuertes de la película, así como la magistral interpretación de Benedict Cumberbatch, que luce sobre todo el conjunto. Por ello, a pesar de las irregularidades del guion, la audiencia puede disfrutar enormemente con esta historia inspiradora que invita a mirar y a captar lo bonito del mundo en el que vivimos.
Recomendable, intensa, interesante y más que correcta. Y sobre todo, una buena manera de acercarse a esta figura imprescindible del famoso político Winston Churchill. Churchill es, seguramente, uno de los personajes más grandes e importantes de la Historia y hacer una película sobre él es una misión casi imposible. Jonathan Teplitzky y Alex von Tunzelmann aciertan, por tanto, en su propuesta al acotar la trama a menos de una semana; cuatro días que son, con todo, intensos y emblemáticos dentro de la Segunda Guerra Mundial.

En tan breve lapso de tiempo, los realizadores se proponen describir algunos de los aspectos más relevantes del político. Sin embargo, en aras de la intensidad y el impacto del relato, no se preocupan excesivamente por el rigor histórico y, en ocasiones, parecen estar más pendientes del encanto de las localizaciones que de su verosimilitud. Ese preciosismo hará que pierdan pie en la última escena, alargándola en exceso y estropeando la belleza del final. Interpretaciones más que notables, especialmente las de Brian Cox y Miranda Richardson.
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