Durante mucho tiempo hemos hablado con preocupación de los efectos negativos de los videojuegos. Por ello, abordamos temas como adicción, las apuestas online, la violencia o la hipersexualización en algunos títulos. Sin embargo, pocas veces comentamos que los videojuegos también pueden tener una cara positiva. Y es que, dejando de lado que son una forma de entretenimiento muy popular, también nos pueden ayudar a aprender, a mejorar habilidades y a conectar con nuestros amigos.
Los videojuegos nos permiten aprender mientras jugamos, añadiendo ese componente de motivación extra que no siempre nos dan los libros. Un ejemplo muy conocido es Minecraft. En él podemos construir casi cualquier cosa con bloques. Aunque parezca solo un juego de construcción, fomenta la creatividad, la imaginación e incluso nos permite trabajar conceptos de matemáticas. Y no olvidemos que también hay un componente social detrás.
Otro ejemplo es Civilization VI (y de otros tantos juegos de estrategia). En este tenemos que desarrollar una civilización desde la antigüedad hasta la era moderna. Para avanzar, es necesario tomar decisiones sobre política, economía, ciencia y cultura. Aunque, por supuesto, no sustituye a un libro de historia, nos ayuda a comprender cómo evolucionan las sociedades a lo largo de los años.

Además de enseñar, algunos títulos nos pueden ayudar a trabajar ciertas habilidades como la concentración, el razonamiento o la lógica para resolver problemas.
Por ejemplo, juegos como Portal 2 obligan a pensar de manera creativa para superar distintos retos. Para ello tenemos que utilizar portales para desplazarnos por el escenario y resolver puzles cada vez más complejos. Dentro de este mismo estilo, tenemos propuestas como The Talos Principle o Call of the Sea.
Tampoco podemos olvidar clásicos como Tetris Effect, Momument Valley o Cut the Rope. Todas estas propuestas con un estilo arcade muy marcado, hacen que tengamos que desarrollar nuestro ingenio, nuestra coordinación y la capacidad de reacción.
Y no podemos olvidar los juegos de acción. Muchos de ellos requieren tomar decisiones rápidas, prestar atención a múltiples elementos al mismo tiempo y coordinar movimientos con precisión. Es el caso, entre otros, de Zelda: Tears of the Kingdom, donde exploración, puzles y acción se dan de la mano.

Cómo han cambiado las cosas y qué lejos queda aquello de tener que ir a casa de un amigo para echar una partida al Mario Kart de la Super Nintendo. Aquella maravillosa manera de socializar, aunque del pleistoceno, ha cambiado considerablemente. Aunque el juego online tiene sus peligros, también permite que millones de jugadores interactúen, colaboren y compitan entre sí.
De primeras, los títulos que quizás nos vienen a todos a la cabeza son Fortnite o Brawl Stars. Más allá de su jugabilidad, se han convertido en un espacio social para quedar con amigos, hablar y participar en eventos. En algunos casos incluso se han organizado actividades dentro del propio juego.
Otro caso interesante es World of Warcraft, aunque enfocado a un público más adulto. En este mundo de fantasía tenemos que cooperar para completar misiones y enfrentarse a desafíos en grupo. Y no menos importante es EA Sports FC 26, en el que podemos montar un equipo único donde cada futbolista es un jugador distinto.
En definitiva, los videojuegos, como cualquier forma de entretenimiento, tienen aspectos positivos y negativos. A pesar de que solemos centrarnos en la parte menos amable, también es justo destacar que pueden enseñar, favorecer habilidades intelectuales y ayudar en las relaciones sociales. Como siempre, la clave está en el uso responsable y equilibrado.
Firma: José Carlos Amador