La adolescencia es un camino a veces largo, lleno de cambios, dudas, cuestionamientos e incógnitas tal y como retrató Richard Linklater con Mason en Boyhood. Es ese tramo en el que se abandona cierta inocencia de la niñez y uno se comienza a enfrentar, por sí mismo, al mundo y los nuevos aprendizajes que llegan con esta exposición.
Al igual que ocurre con otras disciplinas, el cine puede ser una vía para acercarnos a esa edad que algunos están viviendo y otros tantos habrán pasado ya. Además, con el transcurso de los años, el séptimo arte también se ha ido aproximando a las inquietudes de las nuevas generaciones y ha ido revelando aquellas que siempre han estado ahí. Es por ello que, en este blog de mayo, en Contraste hemos decidido aproximarnos a la adolescencia con algunos títulos que buscan entenderla, comprenderla y celebrarla.

Las películas sobre la juventud se enmarcan, en muchas ocasiones, en las coming of age, ese género que aborda historias de aprendizaje y madurez. Si miramos atrás, en 1955 Nicholas Ray presentó una de las más icónicas en esta línea: Rebelde sin causa. En ella, el director se aproximó a la adolescencia y, más allá de establecer un juicio de la impetuosidad de su protagonista, apuntó a cómo el contexto es habitualmente clave para determinar el devenir y las oportunidades a las que pueden optar los jóvenes.
Poco a poco, el estereotipo se ha ido renovando y ajustando a los nuevos tiempos. Así pues, Greta Gerwig configuró con su ópera prima, Lady Bird, una desenfadada coming of age que, con una magnífica Saoirse Ronan, recogía esos miedos y contradicciones juveniles con una vitalidad arrolladora. Dos años después, se estrenó la española Diecisiete que mantuvo ese espíritu con un tono más de drama social, pero reafirmando la importancia de las relaciones afectivas en esta etapa de dudas.

Y, si nos remontamos a los estrenos más recientes, Alauda Ruiz de Azúa maravilló con Los domingos. En esta película llena de capas de lectura y ventanas a las que asomarse para dialogar, también reside una coming of age marcada por la indecisión, los cuestionamientos ante el futuro, la influencia del contexto, los ideales propios de esta etapa vital y la construcción de relaciones humanas y verosímiles.
En este período expuesto, es aún más crucial promover una educación basada en la mutua escucha y construida sobre una inteligencia emocional que favorezca espacios de encuentro en los que los jóvenes puedan expresar sus sentimientos –tanto aquellos conocidos, como los nuevos que empiecen a aflorar en ellos–. Al igual que su predecesora, Del revés 2 realiza una aproximación pedagógica a este momento que, con la emotiva narrativa de Pixar, favorece una sana comprensión.

El silencio y la desconexión son dos cuestiones que pueden envolver a algunos jóvenes, muchas veces infundados por un miedo a expresarse o, precisamente, por no sentirse protegidos ante ese acercamiento al mundo adulto. Así pues, Lean on Pete, Las niñas, Red o Close son algunos ejemplos de en qué pueden derivar esas situaciones y, más importante aún, invitan a reflexionar sobre cómo gestionarlas de la mejor manera posible.
Tal y como nos muestra en Billy Elliot o Los Fabelman, la escucha debe venir motivada por la construcción de lazos seguros –en ambos casos familiares y amistosos– y, en su ausencia, es justamente cuando surgen los conflictos narrativos. Al igual que cualquiera, los jóvenes buscan la comprensión de sus seres queridos y sentirse que se les da la confianza, una que ha de ser mutua.

Los referentes adultos suponen un factor decisivo en el desarrollo de la identidad durante la pubertad, así como a la hora de afrontar los distintos problemas que se pueden ir dando. Para evitar caer en choques tan convulsos como los expuestos en Mommy es mejor abogar por la sensibilidad mostrada por las relaciones que, ya desde un inicio en El país de las maravillas, expone Alice Rohrwacher.

Los profesores también son referentes importantes en este paso a la madurez y en este proceso educativo. Esto se ha podido ver en clásicos como El club de los poetas muertos y en algunos títulos más recientes como Los que se quedan: el maestro puede ser una figura que guíe hacia un mejor futuro.
Aun así, no nos olvidemos de lo crucial que es tener un buen círculo de amistades para superar las dificultades, empujarnos a mejorar y encontrar en ellas voces cercanas a las mismas problemáticas propias de la edad. De esta manera, cuando las cosas se comiencen a complicar como sucede en Harry Potter y el prisionero de Azkaban –la primera entrega de la saga que muestra un progresivo desvío hacia un tono más oscuro y adulto–, uno mismo sepa que dispone de una sólida red de apoyo para salir adelante.

El cine es una ventana de exposición a aquellas realidades invisibilizadas y, en el tema que nos atañe, una forma de narrar historias de una juventud con problemáticas universales que, muchas veces, van más allá del mero autodescubrimiento y la búsqueda de una identidad propia. Las complicadas situaciones económicas y la necesidad de cuidar a familiares vulnerables pueden ser dos condiciones que colisionen en el entorno de un adolescente dificulten las oportunidades para construir su futuro. Esto lo podemos ver en propuestas como Si yo pudiera hibernar, La receta perfecta o la maravillosa L’edat imminent, donde se muestran estas realidades desde una mirada llena de sensibilidad y esperanza.

El embarazo adolescente es otro de esos temas que se ha abordado cada vez más en la gran pantalla, con distintos enfoques y perspectivas. Entre los diversos títulos, han habido algunos, como la refrescante Juno o la sensible La maternal, que han permitido acercarse a estas realidades desde la empatía y la comprensión.
Y, más allá, podemos hallar historias –necesarias, aunque duras– sobre el impacto irremediable que los conflictos sociales, políticos y bélicos tienen en los muchachos. Laura Mora lo mostró en la arrebatadora Los reyes del mundo, en la que incluyó una oda a la amistad como forma de resistencia y luz, y Martin Zandvliet recordó en Land of mine. Bajo la arena sobre los estragos de la guerra incluso después de los supuestos finales de las grandes contiendas.

Uno de los géneros que más apela a los jóvenes hoy en día es, sin duda, el de los superhéroes. Hay algunos de estos personajes que incluso son un reflejo directo de los problemas latentes de esos propios adolescentes. Sin embargo, entre tanta espectacularidad, constantes efectos especiales y una acción frenética, quizás a veces se pase por alto esta capacidad de identificación. Así pues, si nos sumergimos en las aventuras de Ninja Turtles: caos mutante, podemos apreciar que tras las cuatro tortugas mutantes y sus carismáticas personalidades hay igualmente cuatro adolescentes intentando encontrarse a sí mismos y ser aceptados.

Algo similar ocurre con el Peter Parker de Spider-man: homecoming y, se acentúa aún más, con la travesía multiversal de Miles Morales en Spider-man: cruzando el multiverso. Tras una de las mejores cintas de animación reciente, existe también un relato sobre la propia identidad, el camino a la adultez y la necesidad de ser visto por las figuras parentales. Así pues, la familia, la unión y la búsqueda del propio ser, devienen claves en el argumento.
No obstante, más allá de los superhéroes, el género puede ser una sugerente elección para conformar todo un entramado que hable de hechos concretos. En el caso del presente tema, películas de ciencia ficción como El reino animal o de terror como Háblame invitan a reflexionar, respectivamente, sobre la necesidad de entendimiento paternofilial durante esa pubescencia o cómo puede llegar a afectar un duelo a tan temprana edad.

Al llegar al final de nuestro artículo, no podemos olvidar que durante la juventud comienzan a suceder también esos primeros amores. Ante un mercado audiovisual plagado de propuestas románticas, es esencial encontrar aquellos referentes positivos, amables y ejemplares que pongan en valor las relaciones sanas o que, sencillamente, observen con naturalidad las complejidades de estas relaciones. Desde la fábula de Wes Anderson en Moonrise Kingdom, pasando por la rebeldía musical de Sing street, hasta la magia de Your name, es cuestión, como siempre, de buscar buenos modelos.
Firma: Yoel González