Diez años después de que llegara a los cines la obra cumbre de Makoto Shinkai, Your name, Selecta Visión ha decidido traerla de vuelta a la gran pantalla. Sin embargo, para revivir la historia de Mitsuha y Taki tendremos que esperar algo más. Su reestreno, previsto inicialmente para el fin de semana de San Valentín, se ha retrasado un mes y, finalmente, 20, 21, 22 y 25 de marzo serán las fechas elegidas para este mágico reencuentro.

Los críticos de Contraste hemos decidido ir preparándonos para este evento con un especial dedicado al anime, abordando aquellas cuestiones que resuenan valiosamente entre los títulos y comentar algunas de las obras más destacadas que nos ha dejado la animación nipona.

Si algo destaca en las películas que nos han dejado los grandes nombres del anime –como Hayao Miyazaki, Makoto Shinkai, Mamoru Hosoda, Naoko Yamada o Satoshi Kon– es el absoluto despliegue creativo que presentan sus historias. Ya sea trasladándose a tierras lejanas, invocando a fabulosos seres fantásticos o dotando a nuestro mundo de elementos mágicos, logran que en cada uno de sus relatos se dé rienda suelta a la imaginación para emocionarnos o hacer comprensibles hasta aquellas partes de la existencia humana más difíciles de explicar.
Y, por si fuera poco, surgen films que dan vida a antiquísimas leyendas tradicionales japonesas, como la hermosa El cuento de la princesa Kaguya, e incluso adaptaciones de grandes clásicos que ya han tenido múltiples versiones. Así, en el anime encontramos reinterpretaciones de anime –que elevan el material original– de La bella y la bestia de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve –convertido en referente de la mano de Disney– o el cuento de La sirenita de H. C. Andersen. Estas historias se reimaginan fabulosamente, ya sea en mundos futuristas digitalizados, como en Belle, o en apasionantes historias de amistad, como en Ponyo en el acantilado.

Muchos de los títulos más reconocidos de la animación nipona ponen en el centro de la acción a jóvenes protagonistas. A pesar de que, en numerosas ocasiones, abordan temas más maduros, no subestiman al público de corta edad y ofrecen referentes positivos en la pantalla. De este modo, los niños y las niñas encuentran un espejo en el que mirarse y un espacio en el que adentrarse, al mismo tiempo que se despiertan en ellos reflexiones profundas y se fomenta un diálogo con sus padres, sus tutores o aquellas personas adultas de su círculo cercano.
Este equilibrio de argumentos, que apelan a un amplio público sin dejar de lado la celebración de las edades tempranas, permite a los adultos comprender a los más pequeños y los anima a descubrir las amplias posibilidades del mundo y a soñar a lo grande.

Un denominador común en las producciones de anime más celebradas es su capacidad para abordar cuestiones complejas y situaciones difíciles desde una profunda sensibilidad y un tacto que consigue conmover e invitar a la reflexión sin sobredramatizar ni frivolizar.
Por un lado, para el público más joven, historias como El niño y la bestia, Mirai, mi hermana pequeña o la célebre El viaje de Chihiro ofrecen un retrato de ese paso a la madurez,, una etapa que puede resultar sumamente compleja o desconcertante para muchos niños y adolescentes. Ver a personajes que atraviesan experiencias que resuenan con las suyas propias facilita que pueda surgir un espacio de apertura en el que expresar,compartir y discutir sus inquietudes o sus preocupaciones, ya sea para recibir ayuda o simplemente para sentirse acompañados.

Por otro lado, otras producciones se adentran en contextos mucho más crudos como la guerra. El impacto social de las grandes contiendas mundiales deja una profunda huella en las historias que se cuentan, ya sea tanto en el trasfondo –como en El chico y la garza o El viento se levanta (film que también aborda cuestiones como las crisis sociales y económicas que configuran una sociedad y sus obstáculos)– o de forma más explícita, como en La tumba de las luciérnagas. Sin embargo, a pesar de la dureza de los hechos, estas obras adoptan una mirada crítica y antibelicista, incluso en relatos más fantasiosos como El castillo ambulante.
Más allá de estos temas, otras cintas exploran problemáticas como el acoso escolar y el ciberacoso (A silent voice, Belle) o cuestiones más existencialistas como el duelo, la enfermedad y la muerte (El chico y la garza) con el objetivo de generar conciencia y propiciar un diálogo que inspire a cada espectador a buscar respuestas o soluciones.

Si desplegamos a los personajes que nutren muchas de las historias destacadas en este artículo, observamos que buena parte de ellos se constituyen como referentes de bondad y resiliencia. A través de sus aventuras, las decisiones que toman a lo largo del camino y los aprendizajes que atesoran, cada uno expone a la audiencia un encomiable reparto de valores orientados a la construcción de un mundo mejor. La generosidad, la solidaridad, el espíritu de superación personal, el esfuerzo y el sacrificio son solo algunos de los principios que resuenan con fuerza desde la ficción.
Asimismo, las relaciones humanas y el respeto por la naturaleza son otros de los grandes pilares en torno a los cuales estas obras invitan a reflexionar –y que, al mismo tiempo, se celebran–. Por un lado, se ensalza el acompañamiento de la familia (incluso de aquella que se escoge como en El niño y la bestia), los romances despojados de cualquier toxicidad y la amistad comprendida como un vínculo tan preciado e importante como cualquier otro. Por otro, el respeto por el medio ambiente, su cuidado y la conciencia ecológica no solo se establecen como lecciones de vida, sino que en ocasiones adquieren tal relevancia que devienen una parte central del argumento como sucede en (El tiempo contigo o Nausicaä del Valle del Viento).

Llegados a este punto, solo nos queda compartir el listado de todos los títulos mencionados a lo largo del artículo, junto con otros igualmente destacables, para que, desde casa , podáis disfrutarlos y compartirlos en familia:
Firma: Yoel González