Con esta adaptación sobre un secuestro real, Gus Van Sant demuestra estar en buena forma. El ritmo, las interpretaciones y la ambientación sostienen un conjunto entretenido y elogiable.
Siete años después –sin contar la breve incursión en el formato seriado con Feud: Capote vs. The Swans–, el veterano director Gus Van Sant regresa a la gran pantalla con el guion del debutante Austin Kolodney, hasta ahora centrado en cortometrajes. Su colaboración adapta el secuestro real de Richard Hall, hijo del presidente de una empresa hipotecaria, perpetrado por Tony Kiritsis a comienzos de 1977.
Ese incidente se esgrime aquí como una confrontación interesante y desigual entre los poderosos y los débiles, cuyas aspiraciones se ven aplastadas por los intereses económicos de los poderosos. A pesar de la seriedad de los hechos y del riesgo de caer argumentalmente en un callejón sin salida, Prime Crime: A True Story sabe salir el paso. La película no solo se limita a la acción pura, sino que se sumerge en lo íntimo de sus personajes y, asimismo, se nutre de momentos de humor negro para relajar la tensión. Esta se consigue a través del dispositivo que da nombre al título –la escopeta atada al cuello de Richard con un alambre–, pero también gracias al trabajo de Saar Klein, cuyo preciso montaje ayuda a equilibrar los tonos y a sostener un ritmo vivaz, a la par que alterna orgánicamente entre los distintos puntos de vista.
Esa pluralidad de perspectivas es otro de los factores a favor del film. Kolodney no solo complementa narrativamente el incidente central con las tramas de los personajes secundarios, sino que permite que estos aporten nuevas capas de lectura –en torno a los medios de comunicación, sus discutibles fines y su poder de engrandecimiento– y abren la puerta a reforzar decisiones formales. Entre estas destaca el uso de imágenes que simulan el formato de videocinta usado por las televisiones en la época, lo que contribuye a anclar la veracidad del relato.
Junto a todo esto, la verosímil ambientación setentera y el magnífico trabajo actoral, tanto de los protagonistas (Bill Skarsgård y Dacre Montgomery) como de los secundarios (Colman Domingo y Myha’la Herrold) o el cameo de Al Pacino, acaban de pulir a Prime Crime: A True Story como una propuesta entretenida, dinámica y elogiable.
Firma: Yoel González
8 de febrero de 1997, Indianápolis. Tras ser estafado por un banco, Tony Kiritsis acude a las oficinas centrales de la empresa hipotecaria y secuestra al hijo del presidente. Su método: atarle al cuello un alambre que se encuentra conectado al gatillo de la escopeta que lleva en sus manos. Sus exigencias: recibir inmunidad para no entrar en prisión tras sus actos, una indemnización económica por las pérdidas sufridas y una disculpa pública por parte del presidente de la compañía. Mientras tanto, los medios de comunicación se lanzan a una cobertura sin precedentes en prime time para atender al desenlace del rapto.