Elegante y sofisticada, El diablo viste de Prada se erige como una comedia que funciona como una sutil crítica al competitivo mundo de la moda. Anne Hathaway y Meryl Streep brillan formando un tándem protagonista maravilloso.
David Frankel firma El diablo viste de Prada, adaptación del exitoso libro de Lauren Weisberger, que combina comedia y mirada crítica al mundo de la moda. Más allá de su guion inteligente, el filme destaca por una puesta en escena ágil y elegante, donde la redacción de Runway se convierte en una coreografía precisa en la que cada gesto, cada entrada y cada cambio de vestuario marcan el pulso narrativo.
Uno de sus acertados toques reside en el uso del lenguaje visual para narrar la transformación de Andy Sachs, una periodista recién graduada interpretada por Anne Hathaway. A través de un montaje dinámico y de secuencias de vestuario que rozan lo musical, la película condensa su evolución sin recurrir a grandes discursos, apoyándose en una dirección de arte que convierte la moda en un elemento narrativo esencial del guion.
Pero es Meryl Streep quien se adueña de la función y refuerza, con una interpretación medida y cargada de intención, la mirada crítica hacia un mundo tan competitivo como hostil, que bajo el brillo del lujo se presenta como una aspiración casi incuestionable. Su Miranda Priestly —personaje ficticio que remite inevitablemente a Anna Wintour— construye, con apenas palabras y gestos, un lenguaje de poder tan sutil como implacable. A su lado, Stanley Tucci aporta cercanía y matices, funcionando como contrapunto dentro de un entorno sofisticado, pero altamente exigente.
Más allá de su tono cómico y su elegante estética, El diablo viste de Prada apunta a temas universales: el precio del éxito, la pérdida de identidad y la dificultad de mantenerse fiel a uno mismo en entornos altamente competitivos. Sin caer en moralejas evidentes, sugiere que ascender en ese mundo implica aceptar ciertas renuncias, dejando al espectador con una pregunta incómoda: hasta dónde merece la pena llegar.
Firma: Rocío Montuenga
Andy es una periodista recién licenciada en busca de una oprtunidad laboral. En Runway, la revista de moda más importante del mundo, hace falta una ayudante de dirección. El puesto sería perfecto sino fuera por Miranda Priestly la mujer más poderosa en el mundo de la moda a la que los diseñadores muestran siempre sus colecciones antes de lanzarlas al mercado. Todo está a sus órdenes, pero encontrar a una ayudante que le dure comienza a ser imposible. Andy no es la persona idónea para el trabajo, pero tiene algo de lo que carece el resto de las aspirantes: se niega a fracasar.