En este drama moral con tintes de thriller, J.C. Chandor retrata por dentro y por fuera esa línea fina que separa el bien del mal. Un interesante ejercicio narrativo, con una buena dramaturgia y unos destacables Oscar Isaac y Jessica Chastain.
J.C. Chandor demuestra una vez más que sabe combinar una buena dramaturgia, de personajes y conflictos al estilo shakesperiano, con una puesta en escena que absorbe y vehicula con brillo las necesidades del argumento.
El frío invernal neoyorquino; la arquitectura industrial en ruinas y poblada de edificios abandonados; la barbería clásica como lugar de encuentro y confidencias indirectas; el hogar moderno, recién estrenado, que esconde en los archivos de contabilidad un pasado incierto; la empresa en crecimiento, donde se intenta mantener un trato personal y casi paternal con los empleados; o la blindada mansión de otro de los magnates del sector, como alternativa moral y existencial a la de Abel. Todos estos espacios ensamblan un guion que alterna el drama moral con el thriller y la tragedia en ciernes, sin perder el control de hacia dónde quiere ir.
Aunque Chandor sólo permite que se nombre una vez, de manera explícita, “el sueño americano”, lo cierto es que su película, con ciertas resonancias bíblicas, evoca continuamente la idea del luchador y trabajador que sube escalafones en una tierra fértil. Como ya hizo en Margin call, al hilo de la reciente crisis financiera, el director y guionista retrata por dentro y por fuera esa línea fina que separa el bien del mal, incluso en momentos donde saltarse un peaje puede parecer justificable.
Oscar Isaac y Jessica Chastain componen un matrimonio verosímil y en continuo desarrollo y despliegue de sus roles. Hay secuencias construidas con estrategias y metáforas clásicas, como la del choque con el ciervo en carretera, pero que funcionan perfectamente para revelar, como sólo el cine puede hacer, qué esconde la conciencia y el corazón de cada ser humano.
Poco complaciente en unos cuantos pasajes, El año más violento es un interesante ejercicio narrativo, donde impera un microcosmos de personajes, negocio y barriada, que trasluce y habla de un cosmos mucho mayor.
Firma: Lourdes Domingo
Según las estadísticas, 1981 fue el año más peligroso y cargado de criminalidad de la historia de Nueva York. En ese contexto, y en medio de una dura y sucia competencia, Abel Morales y su mujer, hija de un conocido gángster de la ciudad, regentan un negocio de combustible. Abel quiere seguir creciendo honradamente. Se aleja de métodos fraudulentos, a pesar de que incluso la seguridad de sus conductores empieza a estar en peligro.