Una adaptación de Kazuo Ishiguro que, desde una óptica contemplativa, sigue a una hija que rememora las vivencias de su madre en la Nagasaki de los años 50 tras la guerra atómica.
El japonés Kei Ishikawa adapta la novela del reconocido Premio Nobel Kazuo Ishiguro y plasma la historia de manera ingeniosa. Lo consigue a través de una dirección de fotografía espléndida y un tratamiento del color que combina tonos pastel y vivos con otros más apagados, para construir así una estética que diferencia claramente el mundo de los recuerdos del mundo real. Aunque en ocasiones no resulta sencillo distinguir qué pertenece a la memoria y qué a la imaginación, este juego constante con el espectador está muy bien logrado. Se refuerza así la fractura entre el pasado y un presente en el que la acción se sitúa en el Londres de los años ochenta, casi cuarenta años después del final de la guerra.
Este juego de tiempos, reflejado en la estética del filme, es el eje sobre el que se construye la historia de la protagonista. Desde el presente, Etsuko rememora su pasado junto a su hija Nikki, periodista que trata de reconstruir esas memorias desde su relación con Mariko (otra hija) para escribir un libro. A través de sus conversaciones, Etsuko y Nikki van sumergiendo al espectador en el duro contexto de la posguerra en Japón, en pueblos marcados por las consecuencias de la bomba atómica, donde lo físico y lo psicológico quedaron profundamente devastados. En ese entorno emergen historias de pérdida, ausencia de futuro y heridas emocionales que condicionan a toda una generación.
Pálida luz en las colinas no es una película al uso. Aunque aborda un tema universal como las consecuencias de la guerra y la reconstrucción de la memoria, también explora cuestiones como la identidad, el perdón y la redención. Se trata de un filme de ritmo pausado, propio del slow cinema, en el que el espectador debe adaptarse a un tempo lento, con escasos diálogos y una narración donde prima lo insinuado sobre lo explícito.
En este sentido, el cineasta japonés construye una obra sólida, de forma cuidada y fondo profundamente emocional.
Firma: Rocío Montuenga
En la Inglaterra de los años ochenta, Etsuko rememora junto a su hija Nikki las vivencias de su juventud en la Nagasaki posterior a la bomba atómica, un tiempo marcado por las heridas de la guerra y por decisiones que acabarían condicionando de por vida su destino y el de sus dos hijas. Sin embargo, cuanto más investiga Nikki el pasado de su madre, para escribir un libro sobre sus memorias, más difuso parece volverse ese mapa de recuerdos. En ese contexto íntimo de madre e hija, comienzan a emerger secretos que Etsuko nunca le había revelado.