Este debut es una experiencia convulsa y conmovedora. Con un sencillo y efectivo planteamiento formal, un guion preciso y una formidable Myriem Akeddiou, se configura una historia que no puede dejarnos indiferentes.
Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys han iniciado su filmografía con una intensa ópera prima que desde su presentación en la Berlinale ha ido acumulando reconocimientos y culminando su trayectoria con el Giraldillo de Oro en Sevilla y seis Magritte du Cinéma otorgados por la Academia de Cine Belga. Yo te creo se puede circunscribir a ese cine social que, desde el primer minuto, sacude al espectador y lo lleva de la mano por un viaje convulso y emotivo.
Esta es una historia contenida en su forma, pero consciente de cada uno de sus elementos para hacerlos funcionar en beneficio del relato y de su mensaje. A nivel argumental, todo transcurre en unas pocas horas, durante una audiencia en la que un tribunal de menores determinará la capacidad de una madre divorciada de hacerse cargo de sus dos hijos. Los dos cineastas belgas demuestran una precisión de guion que sabe desplegar con sentido y sensibilidad sus giros, construye de forma absolutamente verosímil cada uno de los diálogos y plantea una tensión que no frivoliza con la dureza del trasfondo.
En cuanto a la forma, desde el primer plano destaca ese formato de aspecto 3:4, con ese aspecto cuadrado que pretende transmitir esa claustrofobia y ese agobio de unos protagonistas encerrados principalmente en una localización : una sala de los tribunales. No obstante, esa elección, junto con todo el juego de reflejos, la construcción sonora y la primacía de fondos blancos, permite resaltar también a los personajes frente al espacio y elevar ese componente humano de la historia. De esta manera, es lógico que el film se plantee sobre todo a partir de primeros planos y con una cierta frontalidad que parece querer exponer al espectador de principio a fin. En su cierre, Devillers y Dufeys apuestan por un plano inolvidable, con esas características mencionadas, que remueve al espectador y se sostiene durante varios segundos antes de pasar a unos datos desoladores sobre la violencia en la infancia y la efectividad judicial en los casos que se llegan a tramitar en relación a ello.
Todo esto se eleva aún más con unas interpretaciones certeras entre las que destaca Myriem Akeddiou en su papel como Alice, la madre. Su rostro sustenta un metraje que no solo se centra en los constantes diálogos y réplicas durante la audiencia, sino en la escucha a la que la protagonista se ve obligada y cómo esta moldea sus expresiones. Al terminar Yo te creo, la audiencia sale con la misma sensación de Alice: cierta impotencia y el estómago encogido ante lo que no ha sido un proceso fácil. Queda así un crudo drama judicial que expone situaciones de violencia intrafamiliar contra los más pequeños, los efectos de una ruptura en la infancia o la lentitud judicial a la que también se ven expuestos los niños. Esta dureza, se equilibra, sin embargo, con una oda al amor maternofilial y a una llamada a escuchar y respetar tanto la voz como el bienestar de los infantes.
Firma: Yoel González
Alice acude a la audiencia programada ante la jueza del tribunal de menores, quien determinará la posibilidad de que mantenga la custodia exclusiva. A medida que avanza la mañana y las presiones de la acusación, Alice deberá encontrar la fuerza necesaria para exponer unos hechos terribles y no solo hacer oír su voz, sino también la de sus hijos.