Cuatro grandes interpretaciones, un montaje por elipsis y una realización construida sobre cambios espaciales y fueras de campo, dan firmeza a una ópera prima emotiva donde se habla del amor y el desgaste de los cuidados.
Inspirada en sus propias vivencias, Marta Matute presenta su ópera prima, con la que obtuvo la Biznaga de Oro y dos premios interpretativos en Málaga. Una emotiva y dura historia en la que el Alzheimer sobrevuela el seno de una familia, sin llegar a establecerse como centro temático. En Yo no moriré de amor no se trata tanto de retratar las implicaciones individuales de la enfermedad, sino más bien de exponer el impacto que conlleva cuidar de una persona con una afección crónica.
A diferencia de películas como El padre, donde la persona afectada es la protagonista y su mirada guía incluso la puesta en escena, Matute opta por un acercamiento más próximo a la maravillosa –y también cruda– Amour de Haneke. Aquí el punto de vista principal recae en la hija menor de la familia, que atraviesa una edad de cambios y vulnerabilidades, y la enfermedad de su madre le afecta de forma circunstancial. Con todo esto, y a través de un montaje articulado mediante elipsis tituladas, se profundiza en el desgaste personal y relacional de los cuidados paliativos, así como en las implicaciones emocionales de ir viendo a un ser querido apagándose.
La directora opta por una realización muy contenida, que rehuye sentimentalismos fáciles y se niega a posicionar al espectador en un lugar claramente restringido. Por ello, introduce a personajes humanos, con sus claroscuros, dentro de un hogar cuyo malestar se traduce en una iluminación más apagada, planos opresivos y un secretismo que se juega a través de conversaciones detrás de puertas cerradas, en habitaciones colindantes o fuera de campo. Los personajes, de alguna manera, evitan confrontar esa realidad o atenuarla de la mejor manera, pero como demuestra el magnífico plano final: estas situaciones al final se han de afrontar de cara y la vida sigue adelante.
Yo no moriré de amor es un drama intimista que sabe encontrar esos pequeños destellos de luz en un contexto de tristeza. Pese al trato superficial de determinados rasgos de algunos personajes y de la propia rebeldía de la protagonista, Marta Matute apela a ese amor profundo que se oculta tras el cansancio compartido por situaciones como la presentada y se acompaña de cuatro interpretaciones bien afianzadas: una perspicaz Laura Weissmahr es capaz de sacar lustre a las contradicciones de la hermana mayor; Tomás del Estal se entrega a la vulnerabilidad y al silencio del padre; Sonia Almarcha se pone a la sombra de la mejor Emmanuelle Riva; y una convincente Júlia Mascort debuta en un sólido papel protagonista y su fiel retrato adolescente.
Firma: Yoel González
A sus 18 años, Claudia tan solo es una adolescente normal, con los problemas típicos y un camino de autodescubrimiento aún por delante. Sin embargo, la enfermedad de su madre irrumpe inesperadamente en su hogar y obliga a redefinir los roles de cada uno de los familiares. Ante esto, Claudia deberá encontrar un equilibrio entre cuidar de su progenitora y el deseo por vivir las experiencias propias de su edad; algo que redefinirá los vínculos con sus padres y su hermana, al mismo tiempo que la acerca a descubrir más de sí misma.