Un taxista hastiado encuentra su redención al transportar a una mujer de 85 años por las calles de Tokio. Una pequeña joya japonesa: una road movie contemplativa, íntima y profundamente emotiva.
El nonagenario director japonés Yôji Yamada, uno de los grandes referentes del cine contemporáneo de su país, regresa a la gran pantalla con Un taxi en Tokio, presentada en el Barcelona Film Festival. Autor de títulos como Una familia de Tokio, Una madre en Tokio o Maravillosa familia de Tokio, Yamada ha construido una extensa filmografía caracterizada por un humanismo sereno y una mirada profundamente costumbrista sobre la sociedad japonesa. Con una sensibilidad propia, el cineasta vuelve a explorar los grandes conflictos de la condición humana a partir de situaciones cotidianas y, en este caso, convierte un sencillo trayecto en taxi por la capital nipona en una reflexión profunda.
Tokio se convierte así en mucho más que un escenario: es el mapa emocional por el que transitan Sumire, una mujer de 85 años que afronta el final de su vida, y Koji, un taxista cuarentón abrumado por las dificultades económicas. Lo que debía ser un viaje de apenas una hora se transforma en un recorrido por los lugares que marcaron la existencia de la sofisticada anciana. En cada parada afloran recuerdos, heridas y decisiones que remiten a cuestiones como la violencia contra la mujer, el sacrificio por la familia, la libertad o la búsqueda de justicia. Ese encuentro fortuito entre dos personas que, en apariencia, nada tienen en común acaba convirtiéndose en un sincero diálogo donde ambos encontrarán la oportunidad de comprender su vida desde una óptica nueva.
Con la elegancia visual que caracteriza a Yamada, Un taxi en Tokio envuelve ese viaje en una atmósfera de delicada nostalgia. La música clásica, los silencios, la composición de los planos y la fotografía convierten la ciudad japonesa en un espacio donde pasado y presente conviven constantemente. El contraste entre la Tokio moderna y los recuerdos de Sumire subraya el paso del tiempo y la transformación de las personas, mientras los colores —vibrantes, aunque suavizados por una paleta de tonos pastel— refuerzan la sensación de serenidad que impregna la historia. Sin embargo, en esos encuadres delicados se halla una cierta previsibilidad narrativa. A medida que avanza la trama, el desenlace se intuye y algunos de sus momentos más emotivos pierden fuerza porque se desvela un desarrollo demasiado previsible.
Dicho esto, queda un título precioso sobre la memoria y la necesidad tanto de redención como de reconciliación con el pasado. Así se erige un filme que deja entrever la cuestión universal del sentido de la vida y cómo este puede descubrirse tanto cuando el camino llega a su fin como cuando aún queda mucho trayecto vital por recorrer.
Firma: Rocío Montuenga
Koji Usami, un taxista de Tokio que atraviesa dificultades económicas, acepta un servicio aparentemente rutinario: llevar a Sumire Takano, de 85 años, hasta la residencia donde vivirá a partir de entonces. Lo que debía ser un trayecto de una hora se convierte en un insospechado viaje cuando ella le pide detenerse en distintos lugares de la ciudad ligados a los momentos más significativos de su vida. Mientras recorren las calles de Tokio y afloran los recuerdos de Sumire, ambos compartirán confidencias y descubrirán que de un encuentro fortuito puede nacer la comprensión, la esperanza y un nuevo sentido vital.