Protagonizada por Macarena García y Hugo Silva, esta adaptación de Alejandro Palomas resulta emotiva y conmovedora. Además, aborda el duelo desde la mirada y la imaginación de un niño de nueve años.
Nacho La Casa, conocido por títulos como Ozzy o la comedia Sevillanas de Brooklyn, da un salto notable en lo argumental con su nueva película Un hijo, adaptación de la novela homónima de Alejandro Palomas, que ha sido un éxito de ventas y ha recibido una sólida acogida crítica.
El cineasta español construye un relato contenido y ágil que equilibra el drama con sutiles toques de humor, mostrando cómo la inocencia de los niños puede desarmar la rigidez de los adultos. Con una banda sonora emotiva, el foco en los dibujos pintados por Guille –el protagonista de nueve años marcado por un trauma– y su entrañable relación con María, su terapeuta escolar, la película entretiene y conforma un relato emotivo que invita a la reflexión. Destaca la sobresaliente interpretación de Macarena García, quien aporta solidez y sensibilidad, junto a los matices contenidos de Hugo Silva, que encarna a un padre que sobrevive al dolor mediante la evitación. Ian Cortegoso, como Guille, ofrece una presencia que destila dulzura, y logra aligerar el peso dramático que vertebra el metraje.
Estamos ante un filme que aborda temas necesarios como el acompañamiento emocional en la infancia, la complejidad de las heridas familiares y cómo estas trascienden el hogar y afectan a todos los ámbitos de la vida. También plantea una mirada interesante sobre la educación desde una perspectiva psicológica, tratada con una delicadeza muy necesaria, así como sobre la importancia de la comunicación paternofilial cuando se viven experiencias emocionales complejas.
Aunque el desenlace recurre a un giro algo más convencional para cerrar de forma esperanzadora —y puede percibirse algo forzado— , Un hijo logra conservar el pulso emocional y retratar con acierto el duelo y la vulnerabilidad humana. Y así, subraya que incluso en los pozos más oscuros puede entreverse la luz gracias al acompañamiento y la aceptación de la propia verdad.
Firma: Rocío Montuenga
Guille es un niño de nueve años, que de mayor quiere ser Mary Poppins, que atraviesa una experiencia traumática en el entorno familiar. Su padre, un hombre que roza la mediana edad, se ve obligado a hacerse cargo de él en un momento de máxima vulnerabilidad para ambos, mientras intenta gestionar sus propios fantasmas emocionales. En el colegio, María, una terapeuta sensible y empática, establece una conexión inmediata con el niño y, a través de sus sesiones, comienza a descubrir el mundo interior de Guille y la verdad dolorosa que se esconde tras sus dibujos.