Un turno de noche convertido en una carrera contrarreloj y un retrato tan humano como devastador del sistema sanitario contemporáneo. Turno de guardia es un drama hospitalario que golpea con emoción contenida y apabullante realismo.
La guionista y directora suiza Petra Volpe (El orden divino, Heidi) firma con Turno de guardia su obra más sólida y contundente hasta la fecha, un largometraje propuesto por Suiza como candidata a Mejor Película Internacional en los Premios Oscar. Lejos de ser una elección casual, el film sobresale por la madurez de su discurso social y por una puesta en escena precisa y austera que refuerza su impacto emocional. Volpe construye un retrato profundamente realista de la soledad estructural y la alarmante falta de recursos que, en demasiadas ocasiones, afrontan las enfermeras en unidades hospitalarias de máxima tensión. La trama se sitúa en una planta quirúrgica donde conviven pacientes con diagnósticos de cáncer, alzhéimer y otras enfermedades no transmisibles que requieren cuidados constantes, así como la gestión diaria de un dolor intenso, frecuentemente tratado con analgésicos y opioides.
Turno de guardia capta con asombrosa veracidad el ritmo frenético de un turno de noche marcado por la ausencia de trabajo en equipo: no hay personal suficiente y los médicos, cuando no están directamente disponibles, permanecen en quirófano sin posibilidad de atender la planta. A esta precariedad se suma la angustia de los pacientes ante la espera de resultados, el sufrimiento físico y emocional que padecen, así como la desorientación y la soledad que atraviesan muchos de ellos, incluso cuando existe un acompañamiento familiar intermitente que, en muchos casos, es inexistente. Todo ello da lugar a una experiencia profundamente inmersiva que permite al espectador observar, desde la mirada de la enfermera, cómo el hospital se sostiene en pie gracias a un trabajo meticuloso y casi invisible, realizado sin descanso y desde una atención integral a cada paciente.
Leonie Benesch (Sala de profesores) encarna a Floria con una interpretación extraordinaria, contenida y devastadora al mismo tiempo. A través de sus gestos, su dinamismo corporal, sus silencios, sus palabras medidas y sus caricias, da vida a una enfermera impecable tanto en lo profesional como en lo humano. Su trabajo actoral resulta sobrecogedor al transmitir la presión, el estrés y la falta de apoyo que definen esa larga guardia, logrando plasmar con enorme veracidad el desgaste que sufren muchos profesionales sanitarios. Este dramatismo se ve reforzado por una banda sonora instrumental de tonos graves y una paleta cromática fría que subraya lo deshumanizado que puede llegar a ser el entorno hospitalario, al tiempo que pone en valor la importancia del cuidado y la cercanía en momentos de máxima vulnerabilidad. La puesta en escena, la ambientación y, especialmente, unos diálogos profundos y bellísimos terminan de cerrar un filme tan sólido en su forma como demoledor en su fondo, que deja al espectador reflexionando mucho después de que aparezcan los créditos finales.
Firma: Rocío Montuenga
Floria es una enfermera ejemplar del ala quirúrgica del hospital cantonal, conocida por su rigor, su humanidad y su templanza incluso en las situaciones más extremas. Tras regresar de unas breves vacaciones, se encuentra con una sala de urgencias colapsada, una alarmante falta de personal y un turno nocturno que deberá afrontar prácticamente sola. A contrarreloj y sometida a una presión constante, Floria se verá empujada más allá de sus límites y pondrá en riesgo el control absoluto que siempre ha definido su manera de trabajar.