Eva Victor debuta como guionista, directora y actriz protagonista con un retrato indie e intimista. Sin embargo, pese a su delicadeza visual, el guion cae en una explicitud que resulta incómoda y excesiva.
La francoestadounidense Eva Victor, conocida por un papel secundario en la serie Billions, debuta en el largometraje con un triple rol: guionista, directora y protagonista. Sorry, Baby es su ópera prima, una propuesta de espíritu indie que combina drama con toques de humor sarcástico y oscuro para abordar un tema profundamente doloroso: la violación de una doctoranda por parte de su director de tesis.
Agnes Ward, bella, sensible y prometedora escritora, regresa años después como profesora a tiempo completo a la misma universidad donde cursó el doctorado. Allí estuvo bajo la tutela de Preston Decker, quien un día, con la excusa de revisar su tesis en su domicilio, abusó sexualmente de ella. El relato no avanza de forma lineal: comienza en el presente, cuando su mejor amiga Lydie (Naomi Ackie) —compañera de doctorado— le anuncia su embarazo. Agnes vive ahora en una zona rural de Massachusetts, donde mantiene encuentros sexuales con su único vecino, Garvin (Lucas Hedges), y recibe la visita de Lydie, cuya maternidad actúa como detonante emocional. A partir de ahí, la película retrocede para narrar el episodio traumático y construye, mediante saltos temporales, un mosaico fragmentado de una mujer marcada por la herida.
La estructura fragmentada de Sorry, Baby puede leerse como una metáfora de la propia fractura interior de Agnes: un cuerpo y una identidad escindidos tras la violencia sufrida. Aunque el tratamiento visual del trauma busca la contención y cierta delicadeza formal, la película reincide, tanto antes como después de la agresión, en diálogos y situaciones de marcada explicitud sexual que terminan diluyendo la hondura emocional del relato. Esa insistencia genera una sensación de vacío y de desorientación que, más que invitar a la reflexión, instala al espectador en un clima de escepticismo persistente.
Eva Victor compone a Agnes desde una mirada apagada y una contención hermética: una mujer que logra avanzar parcialmente, pero que parece incapaz de reencontrar sentido en su vocación académica o en sus vínculos afectivos. El tono sarcástico y desencantado que atraviesa la propuesta entra en tensión con una puesta en escena de notable delicadeza visual —una cuidada fotografía, una paleta cromática armónica y una planificación precisa— y esto genera un contraste que no siempre resulta fructífero. Así, un tema de indudable potencia dramática termina deslizándose hacia una representación de la sexualidad que, reiterativa y excesivamente explícita, corre el riesgo de banalizar aquello que pretendía problematizar.
Firma: Rocío Montuenga
Agnes acaba de ser nombrada profesora titular en la universidad donde realizó su doctorado. Mientras intenta asentarse en esta nueva etapa profesional, aflora una experiencia traumática del pasado que marcó profundamente su manera de entenderse a sí misma y de relacionarse con los demás. A través de una narración fragmentada que entrelaza presente y pasado, la película acompaña su día a día, sus silencios elocuentes y su dificultad para forjar vínculos, construyendo un retrato íntimo sobre la fragilidad humana y los procesos de sanación.