Un retrato sobre la maternidad en soltería que se agota en su irregularidad argumental. Aun así, la sensibilidad con la que está abordada y las buenas interpretaciones permiten aligerar el visionado.
Tras su paso por el Festival de Locarno –ganadora del Premio Ecumenical– y por el BCN Film Fest –multipremiada con el galardón a Mejor Guion, Mejor Actriz y el Premio de la Crítica–, es indiscutible afirmar que Solomamma, el debut de Janicke Askevold como directora y guionista, viene pisando fuerte. En ella, la realizadora se atreve a adentrarse en ese espacio intermedio de la maternidad en el que pocas películas se sumergen: uno que rehúye la idealización y la sobredramatización al mismo tiempo.
El film presenta a Edith, una madre soltera que decide investigar la identidad de su donante con el fin de intentar entender mejor a su hijo y mejorar en una crianza que, por momentos, la abruma. En este entramado dramático, Askevold juega con el distanciamiento espacial entre personajes como elemento de subtexto a sus diálogos. A esto, le añade puntuales momentos donde la realización recoge elementos del suspense para generar una ligera tensión y, al mismo tiempo, despertar ese misterio en torno a la figura “paterna” también en el espectador. Precisamente, su presentación con ese audio testimonial en voz en off plantea desde un inicio ese enfoque. Sin embargo, las intenciones se van diluyendo con el avance de una trama que sucumbe a ciertas obviedades y plantea nuevos hilos argumentales secundarios que provocan que el desarrollo decaiga.
Marcada por un naturalismo desaturado, Solomamma se aproxima de forma honesta a un nuevo modelo de familia contemporánea y profundiza en esos contrastes en los roles maternos con tacto. Además, su correcto metraje, no demasiado extenso, ayuda a sobrellevar esos momentos de estancamiento y Lisa Loven Kongsli borda el viaje emocional de Edith con sensibilidad, simpatía e incluso cierta comicidad.
Firma: Yoel González
Edith es una tenaz periodista que decide convertirse en madre soltera a través de una donación de esperma. No obstante, la crianza en solitario pronto se le presenta como todo un reto, en ocasiones agotador, y crece en ella el miedo a no ser suficiente para su hijo. Así pues, cuando descubre repentinamente la identidad de su donante, decide utilizar su papel de reportera para buscarlo y entrevistarlo con el pretexto de un interés por publicar un texto sobre su empresa de videojuegos. Edith tan solo quiere saber si el hombre desconocido es buena persona, pero esa decisión alterará su vida.