Timur Bekmambetov firma un relato trepidante que, con Chris Pratt como eje central, cuestiona la noción de justicia en un mundo regido por la inteligencia artificial.
En el año 2029, un sistema judicial llamado «Tribunal Capital Mercy», dirigido por una IA programada para ser lo más imparcial y neutral posible, se encarga de juzgar a personas detenidas por presuntos asesinatos. Gracias a la acumulación masiva de datos, desde su implantación en 2027 el sistema ha logrado reducir notablemente los casos penales en Los Ángeles. El acusado dispone de solo 90 minutos para demostrar su inocencia durante el juicio. Este método fue ideado por el astuto detective Chris Raven, pero todo se tambalea cuando él mismo es acusado del asesinato de su esposa y se sienta maniatado ante la jueza Maddox, la IA, mientras un alud de pruebas parece incriminarlo.
El filme arranca in media res con un ritmo frenético que se mantiene durante prácticamente todo el metraje y somete al espectador a una experiencia de pura adrenalina. Sin piedad se mueve entre el crime, la acción y la ciencia ficción, mientras pone sobre la mesa la cuestionable fiabilidad de la inteligencia artificial en los futuros sistemas judiciales, ya que, por muchos datos y pruebas verosímiles que existan, una IA nunca podrá ofrecer una verdad absoluta (idea que subyace en el guion). Sin embargo, esta necesaria reflexión se ve debilitada por la falta de pausas, ya que la acción sin tregua deja poco espacio para que el espectador procese las cuestiones planteadas.
Timur Bekmambetov construye una trama eficaz apoyada en unos efectos especiales llamativos y un ritmo envolvente, además de un reparto que funciona bien. Destaca especialmente la actuación dramática de Chris Pratt, que sostiene el peso emocional del relato, y la de Rebecca Ferguson, quien plasma con acierto la frialdad y la distancia propias de un sistema de IA, limitado a analizar información y cumplir las funciones para las que fue programado. El contraste entre ambos —uno pasional y otro racional— está bien equilibrado.
Sin piedad se suma al conjunto de thrillers judiciales con una premisa sugerente, aunque su reflexión ética queda algo empobrecida. Sin estar a la altura de otros títulos recientes como Jurado nº 2, se presenta como una propuesta entretenida que, al menos, invita al espectador a hacerse preguntas tras el visionado.
Firma: Rocío Montuenga
En un futuro a medio plazo, uno de los creadores del Tribunal Capital Mery es acusado del asesinato de su esposa. Maniatado a una silla y con acceso a pruebas externas, dispone únicamente de 90 minutos para demostrar su inocencia ante Maddox, una jueza de inteligencia artificial diseñada para ser brutalmente pragmática y deliberadamente parcial. El mismo sistema que él ayudó a diseñar decidirá si vive o muere.