Esta historia inspirada en hechos reales resulta ligeramente edulcorada y no cuenta con un guion redondo, pero en su resolución encuentra un cierto halo de optimismo y en su dúo protagonista, una convincente consistencia.
Bradley Cooper regresa con un sólido tercer largometraje como director y guionista. Si en su ópera prima apostó por un remake de la reconocida Ha nacido una estrella (donde puso el foco en el drama romántico) y en su segunda obra probó con un sugerente biopic de Leonard Bernstein (Maestro) (donde la relación amorosa con la actriz y mujer Felicia Montealegre sostiene un peso importante), en Sin conexión navega puntos en común con ambas a la par que sigue depurando su estilo y la precisión de aquello que quiere contar.
Cooper se inspira en la vida de John Bishop, un futbolista semiprofesional convertido a agente de ventas y, posteriormente, a sus treinta, reconvertido a comediante. Cooper arranca la historia in medias res antes de este último giro en su vida y traslada la acción a Nueva York. Sin embargo, la trayectoria profesional no es el foco central de la trama, sino que este papel lo toma la relación matrimonial con su esposa en un momento en el que se plantean divorciarse.
La inclusión de otra fabulosa interpretación de Laura Dern mueve a establecer ciertas resonancias con Historias de un matrimonio, película con la que la actriz ganó su primer Óscar por un papel secundario. Aunque Sin conexión peca de un tono más edulcorado (y amable, también sea dicho de paso), de unos diálogos no tan precisos y de un guion no tan detallado como los de Baumbach, sí que favorece un desarrollo de la psique de sus personajes y una construcción de sus arcos por encima de las meras acciones. En este sentido, la dupla formada por Dern y Will Arnett resultan esenciales para darle consistencia a los protagonistas y a las reflexiones hacia las que se quiere mover al espectador.
A grandes rasgos, el film acaba conformándose como una simpática “americanada” de la que extraer observaciones positivas sobre nuestras propias vidas. Más allá del acercamiento a las dinámicas relacionales de pareja, Sin conexión también es un relato sobre la posibilidad de seguir redescubriéndose, una oda a mantener vivo el espíritu para encontrar nuevas aficiones y reconectar con nuestros seres queridos. Bradley Cooper recuerda que nunca es tarde para un nuevo comienzo, que nuestros seres queridos deben estar para acompañarnos tanto en los momentos felices de la vida como en los infelices y que el arte -y el humor- pueden ser una forma sanadora de lidiar con las dificultades diarias.
Firma: Yoel González
El matrimonio de Alex y Tess lleva un tiempo desmoronándose lentamente. Cada uno de ellos ha ido perdiendo la chispa vital con sus rutinas y la conexión mutua se ha ido apagando. Llegado a este punto, el divorcio parece ser la única decisión consensuada.
Ante este cambio, ambos se enfrentan a una crianza compartida, mientras navegan por sus nuevas vidas y redescubren no solo el amor, sino también su identidad. Alex encuentra en el stand up comedy un refugio y un nuevo propósito; Tess comienza a pensar en retomar su gran pasión por el voleibol. Con cada uno empezando de nuevo, ¿sigue habiendo esperanza para la reconciliación?