Una propuesta imaginativa que encuentra la fortaleza en su premisa, su mundo original y sus protagonistas. Sin embargo, el exceso de metraje, la sobreexplicación y un guion irregular dejan una sensación agridulce.
Al igual que ha venido demostrando en la mayoría de sus producciones, Mamoru Hosoda tiene la asombrosa capacidad para imaginar mundos de fantasía que se hilvanan con nuestra propia realidad. Así consigue enraizar esos giros más imaginativos con un presente que nos toca de cerca. En Belle lo hizo abordando todo el impacto de las redes sociales, el ciberbullying o esa disociación de la propia identidad al que el entorno digital puede llegar a empujar. Ahora, en Scarlet, se suma a una narrativa antibelicista, en favor de buscar el perdón entre iguales y luchar por un bien común para lograr una paz duradera.
La película presenta al espectador un territorio llamado “El Otro Mundo”, un limbo en el que los tiempos se entretejen y tanto los vivos como los muertos pueden encontrarse. Es así como los dos protagonistas, una princesa danesa de la Edad Medieval y un paramédico del Japón moderno, se encuentran. En ese cruce de caminos comienza un equilibrio de fuerzas: mientras que Scarlet se ve movida por la venganza, en una busca insaciable por vindicar la muerte de su padre a manos de su tío, Hijiri es quien aporta esa parte más humanista, la posibilidad de redención y perdón.
Es interesante ver como Hosoda entremezcla una trama con giros muy shakesperianos -traiciones familiares incluidas- con todo un despliegue de creatividad a la hora de imaginar nuevos mundos. Eso sí, en este último punto, no consigue sacarle todo el provecho y se acaba estancado. Esa misma dualidad fallida sucede con el diseño animado que presenta. La combinación de personajes 3D con dibujos y fondos trazados a mano funciona de forma irregular y, en algunos momentos emotivos, llegan a sacar al espectador de la acción.
Asimismo, el final precipitado y los mensajes sobreexplicados dejan un regusto agridulce e infravaloran al espectador. El hecho de que el metraje se alargue en exceso tampoco ayuda a elevar la experiencia. Aun así, Scarlet deja una aventura con buenos valores y una sencilla trama del bien contra el mal. Esta queda encarnada en la figura del tío Claudio, quien demuestra cómo la ambición sádica, el egoísmo y la codicia corrompen a las personas.
Firma: Yoel González
Una joven princesa, hábil espadachina, se embarca en un camino de venganza contra su tío Claudio, responsable de la muerte de su padre. Sin embargo, su plan no sale como tenía previsto y acaba en el “Otro Mundo”, una especie de limbo que no se rige por las leyes espaciotemporales habituales y donde tanto los vivos como los muertos pueden encontrarse en un momento dado. Así es como se cruza con Hijiri, un joven paramédico del Japón moderno, que la cura y la ayuda a mirar al futuro desde el perdón, dejando la rabia atrás. Aun así, cuando Claudio reaparece en ese otro mundo, nada es seguro.