Este nuevo acercamiento a la franquicia de videojuegos apuesta por un punto de vista original. El equilibrio entre acción, terror y humor negro ofrece un entretenido film adulto que tropieza al final.
En 2025, Zach Cregger causó un gran revuelo con Weapons y ahora, un año después, regresa con su personal acercamiento a la famosa saga de videojuegos que ya ha tenido varias adaptaciones cinematográficas previamente. Su Resident Evil devuelve al espectador a ese mundo postapocalíptico, con un despliegue más visceral y un terror psicológico deudor del survival horror.
Para ello, el director apuesta por presentar a un protagonista totalmente original, inexistente en la franquicia de Capcom, que muestra una nueva cara mucho más humana dentro de ese mundo plagado de zombies. Bryan es un joven de a pie que trabaja como repartidor y carece de cualquier tipo de habilidades para el combate y el fuego cruzado. Esto lo convierte en un personaje muy identificable, con el que el público puede empatizar. Asimismo, su desesperación despierta una comicidad –un marcado humor negro en muchos casos– que sirve de alivio para toda la tensión vivida en la historia. Al margen de los rasgos definidos por el guion, Austin Abrams sostiene el peso del metraje al completo, resulta loable y consigue que ese doble registro funcione impecablemente.
Aun así, los fans de la saga encontrarán varios guiños a los videojuegos camuflados en esa estética oscura y fría, marcada por puntuales jump scares y una sangría in crescendo. Además, la puesta en escena recuerda a los juegos con la inclusión de puntos de vista subjetivos –en los que el espectador toma la perspectiva de Bryan como tirador– y el guion viene marcado por las dinámicas de esa disciplina en su forma de proceder e ir sobreponiéndose a los distintos obstáculos o consiguiendo los distintos objetos de misión.
Aunque satisfacerá a los fans más dubitativos e incluso al público adulto ajeno a la serie, también es cierto que el intenso argumento mantiene un buen pulso pero desemboca en un cierre insatisfactoriamente abierto. Eso quizás nuble las buenas sensaciones que, por lo demás, deja Resident Evil: un film muy entretenido, pero no apto para estómagos sensibles.
Firma: Yoel González
Bryan es un mensajero médico que, a última hora, decide aceptar un encargo urgente por el que pagan doblemente. No obstante, sin el equipo óptimo para salir del perímetro de la ciudad y con un peligroso virus extendiéndose sin control, pronto el caos se desata y su vuelta a casa comienza a parecer imposible.