Un coming-of-age de estética delicada que se queda frío por no profundizar lo suficiente en sus temas. Yui Suzuki está fantástica como protagonista.
Chie Hayakawa escribe y dirige un drama de deslumbrante delicadeza. Fuki vive su día a día en medio del dolor que atraviesa a los adultos que la envuelven: su madre, que carga con el peso del hogar mientras trabaja en una empresa, empieza a asistir a terapia; y su padre, ingresado en un hospital público y compartiendo habitación con otros pacientes, se apaga poco a poco debido a una enfermedad en fase terminal.
Mientras tanto, ella imagina, sueña, aprende inglés, juega con sus amigas, escucha a los demás, observa y conjura oraciones para transformar aquellas realidades que no le gustan. Saborea la vida a través de una imaginación desbordante que la aleja del dolor y la lleva a mundos llenos de color. Con su bicicleta, su música y sus silencios, se detiene a contemplar los skylines de Tokio en los años 80.
En este sentido, la estética es bellísima y la narración se construye combinando tres tiempos: el cronológico, el de los recuerdos y el fantástico, aquel que Fuki imagina. Todo se ensambla como una acuarela en la que cada color representa un tiempo distinto y, así, la película resulta muy original en su forma. En cuanto al fondo, Renoir aborda temas profundamente dramáticos: el final de la vida de un padre, una madre desbordada que no logra sostenerse emocionalmente ni sostener a los demás, y una niña que observa cómo los adultos que la rodean se rompen en silencio.
Así, este coming of age explora la soledad, la enfermedad, el vacío de los adultos, la depresión y la búsqueda de sentido y felicidad en experiencias. Todo ello lo hace desde la imaginación de una niña de once años. Y ahí reside su fuerza.
Sin embargo, Renoir se queda corta en su desarrollo argumental, al no profundizar ni en los personajes ni en los temas que plantea. El resultado es un drama que, pese a la belleza de sus imágenes, se queda frío y no termina de conmover ni de alcanzar el potencial que podría haber tenido. Al margen de esto, Yui Suzuki demuestra una gran solvencia en su papel protagonista.
Firma: Rocío Montuenga
Tokio, años 80. Una madre, deprimida por la enfermedad terminal de su marido, intenta sostener su hogar mientras cuida de Fuki, una niña de 11 años, muy observadora y con una imaginación desbordante. Durante ese verano, Fuki transformará su difícil realidad cotidiana en pequeñas aventuras luminosas junto a su madre, su padre enfermo y sus amigas. Entre juegos, fantasías y descubrimientos, irá conociendo el mundo poco a poco.