Una comedia española tan absurda como surrealista, con múltiples guiños al cine y muy en la línea del universo de Carlo Padial. Su gran acierto: el tándem formado por Berto Romero y Judit Martín.
Muy en la línea del humor de Carlo Padial, que huye de lo convencional para adentrarse en situaciones surrealistas, Pizza Movies se erige como una propuesta que parte de una crisis laboral y personal para situar a sus protagonistas —una pareja de cuarentones al borde del colapso económico y profesional, junto a un hijo con problemas psicológicos y un abuelo con demencia— en una peculiar aventura empresarial en torno a “pizzas de cine”.
En este contexto, Thais es una periodista cultural plenamente consciente de la precariedad de su sector: el supuesto “amor al arte” y la pasión por el cine no siempre implican estabilidad, sino que más bien suponen un ámbito regido por los egos, las comparaciones y sueldos precarios, aunque desde fuera resulte romántico dedicarse a la crítica cinematográfica. En este sentido, Carlo Padial no solo escribe con ingenio, sino que parte de una realidad muy reconocible para los propios críticos y la convierte en materia cómica con un tono optimista, desenfadado y realista desde el escenario de lo extravagante.
De este modo, la película apuesta por un humor cercano al de Poquita fe, basado en situaciones cotidianas llevadas al extremo del absurdo, y consigue generar una comedia ligera, pensada para hacer reír y desconectar de los problemas y de la rutina. Por ello, con Pizza Movies el espectador se sentirá identificado con sus personajes protagonistas. Estos además se elevan gracias al tándem formado por Berto Romero y Judit Martín, cuya sintonía en la gran pantalla es, probablemente, uno de los mejores aciertos del filme.
Además, el negocio de las pizzas temáticas sirve como hilo narrativo para múltiples guiños al cine clásico: desde la pizza Jurassic Park hasta la pizza Psicosis, pasando por referencias humorísticas a iconos como Marilyn Monroe o Tom Cruise, que refuerzan el tono paródico y cinéfilo de la propuesta. Sin embargo, el filme se resiente hacia el final del segundo acto, donde el ritmo se vuelve algo más tedioso y pierde parte de su fuerza inicial.
Firma: Rocío Montuenga
Thais es una crítica de cine hastiada de su trabajo que atraviesa una crisis personal y profesional. En ese punto de inflexión, convence a su marido Alan para empezar de cero y emprender un negocio propio. Su idea es tan original como cinematográfica: abrir una pizzería temática dedicada al cine hollywoodiense, su gran pasión. Aunque el concepto parece sencillo, pronto tendrán que dar con la forma de innovar, vender y salir adelante con recetas inspiradas en el cine clásico. Sin embargo, lo que parecía una idea brillante acabará complicándose más de lo esperado.