Un inteligente retrato contemporáneo que, con materiales de archivo y una mirada al pasado, advierte de los riesgos y los retos del futuro. Un estimulante visionado para quienes buscan en el cine algo más que entretenimiento.
Raoul Peck ha ido configurando una trayectoria marcada por un profundo compromiso social y la necesidad de exponer, mediante el dispositivo cinematográfico, realidades opacadas, la discriminación de minorías y la restauración de personalidades con el fin de hablar de un determinado contexto sociopolítico. En su nuevo documental, Orwell: 2+2= 5, aúna todo ello para presentar una especie de “llamada a la decencia”, una voluntad de dar luz a las mentiras del mundo digitalizado contemporáneo. De este modo, genera una advertencia que invita a detenerse a pensar en nuestro papel ante un futuro incierto.
El director haitiano recupera la figura de George Orwell y su archiconocida 1984 para construir un relato cinematográfico que utiliza el ayer para mirar directamente al hoy. Una voz en off lee las entradas del diario de Orwell, mientras que visualmente el documental entremezcla escenas de películas con materiales de archivo pasados y presentes. Con estos se permiten hacer ciertos paralelismos que ponen el foco en sucesos que traen de vuelta desastrosos hechos históricos: la prohibición o la quema de libros, la reinterpretación de acontecimientos para manipular a las masas, la brutalidad de los cuerpos del estado, la codicia de los más ricos, la desprotección gubernamental…
Paralelamente a este discurso técnico, Raoul Peck sostiene una interesante reflexión acerca del lenguaje que parte de los lemas, incluidos en 1984, de “la guerra es paz”, “la ignorancia es fuerza” y “la libertad es esclavitud”. En torno a ellos, reflexiona sobre el poder de tergiversación de las palabras, el regreso a la escritura política de frases prefabricadas o la frivolidad y el sesgo mediático de ciertas expresiones –como “bombardeos estratégicos” o “daños colaterales, entre otras– que ocultan, tras ellas, intervenciones violentas, comportamientos interesados o el blanqueamiento de derechos humanos. En este sentido, se apela a reflexionar sobre el lenguaje como valioso instrumento de reflexión y la palabra como arma de doble filo ante los que ser cautos.
Todo esto se complementa con esos paralelismos mencionados y un detenido análisis de los gestos y sus ecos del pasado. Así, se exponen diversos fenómenos: la identificación de derivas autoritarias en distintos países, la persistencia de las cuestiones de clase –con esa dualidad entre opresores y oprimidos–, los peligros de los extremismos ideológicos o la despolitización social y las complicaciones mediáticas en una época de posverdad. Dicho así, podría parecer que el espectador se enfrenta a un visionado farragoso, pero nada más lejos de la realidad. La película mantiene un montaje ágil, con una clara vocación pedagógica, que ordena su discurso y facilita a la audiencia la navegación entre las distintas asociaciones de ideas.
Con pulso firme, como ya demostró con su aclamada I Am Not Your Negro, Raoul Peck hace un ejercicio de ética contemporánea que busca remover el ánimo y el pensamiento. Aunque expone al público a un presente desesperanzador, Orwell: 2+2=5 funciona como una llamada de atención y su verdadero valor reside en la posibilidad de que, tras el visionado, el espectador ejercite ese mismo proceder crítico y analítico en su vida cotidiana.
Firma: Yoel González
En 1949, George Orwell acaba de escribir su obra cumbre: 1984. En esos últimos meses de escritura, tanto en la ficción como en sus textos íntimos, el autor reflexionó sobre toda una serie de verdades sociopolíticas e inquietantes acontecimientos que vuelven a resonar con nuestro presente. Ante esto, Raoul Peck recoge su testimonio e indaga en esos paralelismos que resurgen en la actualidad.