Este thriller psicológico sobre las obsesiones románticas es tan terrorífico como divertido. Original y bien ejecutado debut de Curry Barker, con un dúo protagonista sobresaliente, aunque falto de profundidad.
Con tan solo 26 años y un presupuesto de 750.000 dólares, el cineasta y youtuber Curry Barker debuta con un thriller psicológico que ha arrasado entre los espectadores. Y no es para menos, porque se trata de una película muy ingeniosa tanto en su fondo como en su forma.
En cuanto al fondo, Obsession funciona como una especie de advertencia, un “stop” dirigido al espectador para recordarle que las obsesiones románticas y los deseos desesperados de que alguien nos quiera pueden resultar devastadores y contraproducentes. Barker plantea una verdad universal: el amor sin libertad acaba matando al propio amor, intoxicándolo y deformándolo hasta convertirlo en algo perturbador, feo e incluso terrorífico. Por eso la premisa es tan buena: detrás de su apariencia fantástica se esconde una reflexión muy humana sobre la obsesión, la dependencia emocional y el deseo de poseer aquello que se ama.
En la forma, el guion es tremendamente ingenioso. Está lleno de giros, momentos cómicos y sustos inesperados que mantienen la atención desde el primer minuto hasta el último. Además, la película construye muy bien un in crescendo de tensión, intriga e inquietud a medida que Nikki se vuelve cada vez más aterradora y la relación entre ella y Bear se transforma en una auténtica pesadilla. La música instrumental, penetrante y envolvente, aparece en los momentos adecuados para potenciar las emociones. Y la fotografía, con sus tonos azulados y oscuros contrastados por estallidos de rojo gore, termina de cerrar una propuesta estética muy atractiva.
Pero si hay algo que destaca especialmente es el trabajo de los dos protagonistas, Michael Johnston e Inde Navarrette. Ambos están soberbios y consiguen transmitir con una gran naturalidad emociones tan distintas como el miedo, la tristeza, la alegría, la euforia, el amor, el odio, la desesperación, la obsesión, la inseguridad, el desconcierto o el horror.
Lo que no convence es la cantidad de sexo que contiene la película y la escasa profundidad con la que se desarrollan sus personajes. Por un lado, la carga sexual está exagerada y acaba ocupando más espacio del necesario. Por otro lado, se echa en falta conocer mejor qué ocurre en el interior de Nikki y Bear, especialmente porque la premisa daba pie a una exploración psicológica mucho más rica. Además, Bear resulta en ocasiones demasiado ingenuo y pasivo, hasta el punto de parecer una mosca muerta.
Asimismo, habría funcionado mejor un cierre con algún tipo de reflexión o metáfora explícita durante los créditos finales (algo así como un mensaje dentro del “sauce del deseo” que usa Bear para recibir el amor de Nikki), una especie de moraleja que terminara de condensar toda la temática que encierra la historia.
Firma: Rocío Montuenga
El amor no correspondido de Bear por su amiga de la infancia lo lleva a realizar un hechizo que sale terriblemente mal. De la noche a la mañana, Nikki desarrolla una obsesión enfermiza por él, convirtiendo un deseo inocente en una pesadilla cada vez más inquietante y oscura. Atrapado en una espiral de comportamientos perturbadores y aterradores, Bear deberá encontrar la forma de escapar de las devastadoras consecuencias de su propio anhelo.