Las brillantes interpretaciones de Russell Crowe y Rami Malek, junto a una puesta en escena y una banda sonora vibrantes, convierten al filme en un retrato intenso y sobrecogedor de aquellos días decisivos en Núremberg.
En noviembre de 1945 comenzaron los juicios de Núremberg. Los gobiernos de la Unión Soviética, Francia, Reino Unido y Estados Unidos llevaron ante la justicia a los principales responsables del régimen nazi, acusados de los más atroces crímenes de guerra. Ochenta años después, llega a la gran pantalla Núremberg, una nueva historia ambientada en el mismo momento crucial que otras grandes producciones como Vencedores y vencidos, el filme de 1961 que estremeció al mundo por la crudeza con la que retrataba aquellos acontecimientos.
Basada en la novela El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, la película reconstruye los días previos al juicio en la prisión militar donde permanecen encerrados los altos mandos nazis. Allí, el doctor Douglas Kelley, un reconocido psiquiatra, recibe la misión de determinar si los prisioneros están mentalmente capacitados para ser juzgados. Su principal objeto de estudio será Hermann Göring, el militar de mayor rango del Tercer Reich y figura muy próxima a Adolf Hitler.
Las conversaciones, siempre contenidas pero cargadas de tensión, dan forma a un sofisticado duelo psicológico entre ambos personajes. El médico, minucioso y brillantemente encarnado por Rami Malek, escudriña sin descanso la mente de Hermann Göring, interpretado con apabullante magnetismo por Russell Crowe. Lejos de comportarse como un reo humillado, Göring se muestra dominante, persuasivo y extraordinariamente astuto. Entre interrogatorios, silencios cargados de significado y miradas ambiguas va surgiendo una inquietante relación de confianza, marcada inevitablemente por el horror de los crímenes perpetrados, la deportación masiva de judíos y la fría maquinaria del exterminio.
Núremberg brilla por su reparto, pero también por su cuidada puesta en escena y la sobrecogedora reconstrucción de los hechos, que alterna la ficción con las durísimas imágenes reales proyectadas durante el juicio. El uso del color gris y verde, la precisión de los planos y una banda sonora tan tensa como épica dotan de enorme valor histórico y cultural a esta propuesta. Además, el filme enuncia una mirada distinta sobre el mal: la crueldad humana solo se comprende cuando ha sido cometida y nadie está completamente a salvo de ella. Desde este enfoque profundamente psicológico, lo humano jamás queda desplazado, porque los nazis fueron seres humanos, con sus familias, sus hogares y sus amores, capaces de cometer las mayores atrocidades. De ahí que, la libertad sea siempre la respuesta al mal. Y esta idea queda clara en una imagen que aunque, dura e incómoda, resulta necesaria.
Firma: Rocío Montuenga
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados se preparan para celebrar los juicios de Núremberg, destinados a juzgar a los principales responsables del régimen nazi. En este contexto, el juez Robert H. Jackson encomienda una misión confidencial al prestigioso psiquiatra estadounidense Douglas Kelley: evaluar la salud mental de los altos mandos nazis encarcelados en una prisión militar secreta. Su principal objeto de estudio será Hermann Göring, el hombre que en 1939 fue designado por Adolf Hitler como su sucesor.