Un canto a la vida construido desde la calidez y la empatía. El acto de deambular y la espera argumental abren paso a un retrato de personaje con reflexiones existenciales y un fascinante Théodore Pellerin.
Resulta imposible no pensar en la fabulosa Cléo de 5 a 7 de Agnès Varda al atender a la Nino de Pauline Loquès.
Ambas se ven marcadas por esa espera angustiosa, el deambular por la ciudad, las reuniones con conocidos y ese retrato íntimo de personajes que, en su soledad, exponen los miedos, las dudas y las esperanzas más humanas. Si la dilación de Cléo se extendía durante unas cuantas horas, aquí Nino Clavel debe aguardar tres días hasta el inicio de su tratamiento contra un cáncer de garganta recién diagnosticado.
En el transcurso de esas jornadas, Pauline Loquès acierta en no hacer de la enfermedad el centro de la trama ni de la acción, sino que apuesta por navegar ese desconcierto inicial y la lenta asunción de su protagonista sobre su nueva condición. Este se abre, mientras tanto, a divagar también sobre otros aspectos vitales como sus relaciones afectivas y su futura paternidad. Además, la directora configura el paso del tiempo de forma inteligente, casi imperceptible si no fuera por la inclusión de rótulos indicando los nuevos días. De esta manera, esa sensación de espera del protagonista se traslada al espectador, quien también parece perder la noción de las horas.
En ese vagar parisino, aparentemente sin rumbo, la cámara sigue a Nino desde la distancia mientras se va encontrando con conocidos y muestra, de forma indirecta, esa voluntad por afrontar lo que venga sin detenerse. Asimismo, cuando la observación alejada de él da paso a los primeros planos, estos revelan su incertidumbre y sus dudas, emociones que dan pie a la configuración de un cálido retrato de personaje, de conmovedora sinceridad y, como se apuntaba al inicio, de profunda humanidad. En este contexto, Théodore Pellerin deslumbra en una interpretación, de miradas elocuentes, que abraza la más tierna vulnerabilidad.
Allá donde otros se centran en dramatismos forzados y sentimentalismos lacrimosos, Nino se construye desde la profunda sensibilidad y apuesta por un relato que celebra la vida y la saca a relucir incluso en sus momentos más duros.
Firma: Yoel González
Tras recibir unos inesperados resultados médicos, Nino debe mentalizarse para comenzar un urgente tratamiento en tres días. Hasta entonces, el joven deambula por las calles de París mientras reconecta con la vida, sus seres queridos, personas del pasado y consigo mismo.