Un ácido retrato social en clave de comedia negra que se queda lejos de lo ingenioso y lo audaz. Entretiene, pero no termina de convencer al caer en lo grotesco y sucumbir a una falta de profundidad en su lectura satírica.
Claudia Pinto escribe y dirige Morir no siempre sale bien, una comedia negra con tintes dramáticos que apuesta por la risa fácil, el ritmo dinámico y la exageración como principales recursos para entretener al espectador sin demasiadas pretensiones reflexivas. A partir de la muerte como motor narrativo, la película plantea una crítica social centrada en las desigualdades de clase: de un lado, las familias privilegiadas, acostumbradas a ejercer su poder que suelen aprovecharse de quienes ocupan rangos más bajos; del otro, trabajadores que sobreviven en condiciones precarias, hacinados y que conviven con la inestabilidad laboral que generan las empresas de esos mismos sectores elitistas.
El relato arranca cuando fallece el director ejecutivo de la compañía en la que trabajaba Rosario. Y tras su despido, su entorno familiar emprende una revancha que deriva en un truculento plan por conseguir una cantidad ingente de dinero a toda costa. Sin embargo, aunque la premisa ofrece una base interesante para desarrollar una sátira social mordaz, el resultado queda claramente muy lejos de lograrlo. Los personajes están construidos desde una caricatura excesiva, el guion resulta tan pobre como repetitivo y las interpretaciones resultan demasiado forzadas. Y, de este modo, queda un título que entretiene de forma puntual, pero que acaba perdiendo fuerza por su falta de profundidad y matices.
Además, gran parte de su humor se apoya en recursos burdos y chabacanos que rara vez logran la efectividad buscada. Por ello, quienes busquen una comedia negra ligera y desenfadada, pensada para desconectar, encontrarán en Morir no siempre sale bien un visionado acorde a esas expectativas. Sin embargo, su potencial para combinar crítica social y humor queda desaprovechado en favor de lo que resulta una obra superficial, más cercana a lo grotesco y lo barriobajero que a una sátira verdaderamente afilada.
Firma: Rocío Montuenga
Rosario, una mujer valenciana que acaba de perder su empleo tras un despido improcedente, cae en una espiral de deudas junto a su esposo y su hermano. Desesperados por conseguir dinero, idean un plan radical: secuestrar el cadáver de su jefe, recién fallecido, y exigir un rescate millonario por él. No obstante, Inés, la adinerada viuda, y sus dos hijos no están dispuestos a seguir las reglas del juego porque tienen en mente otro plan. En un choque entre dos mundos totalmente opuestos, ambas familias acabarán inmersas en una situación cada vez más enrevesada, marcada por secretos e intereses sospechosos y una investigación policial que deberán esquivar para salir indemnes.