Timothée Chalamet lidera el debut en solitario de Joshua Safdie con un personaje moralmente ambiguo. Un oscuro biopic que retrata ese ideal estadounidense del “hombre hecho a sí mismo”.
Después del debut en solitario de su hermano Ben, con The smashing machine, Joshua Safdie toma el relevo con un film que, asimismo, se adentra también en el mundo deportivo estadounidense. En este caso, el mayor de los Safdie coescribe una historia ambientada en el mundo del pimpón a comienzos de los 50.
Marty Supreme invita al espectador a sumergirse en esa parte sombría de un EE. UU. normalmente idealizado. Aunque no rompe del todo con esa proyección utópica estadounidense, sí que plantea toda una fotografía sostenida en claroscuros y una falta de iluminación que se amolda a ese carácter turbio, o moralmente cuestionable, que rodea al protagonista. Asimismo, la propuesta no da respiro y mantiene un ritmo infatigable junto con unos diálogos ágiles y unas tramas bien hiladas.
No solo a nivel formal se juega con esa irregularidad en la distancia con el personaje, sino que la propia actuación de Timothée Chalamet –quien abrió la temporada de premios llevándose el galardón al Mejor Actor en los Critics Choice Awards y los Globos de Oro– facilita esa tarea. Chalamet demuestra un trabajo preciso en el retrato de un personaje sumamente ambiguo y complejo, más cercano al Paul Atreides de la segunda parte de Dune que a otros protagonistas más simpáticos en su filmografía. Y junto a él destacan un buen reparto de secundarios, desde la explosiva Odessa A’zion hasta el retorno hipnótico de Gwyneth Paltrow.
Sin embargo, la película entra en esa categoría de los biopics que se distancian de lo estandarizado o cronológicamente didáctico para adentrarse en el estudio de lo humano. Así pues, Marty Supreme es, ante todo, una exploración de personaje para ahondar en las dobleces de las personas y ese ideal americano del “hombre hecho a sí mismo”. Con toques de thriller, Joshua Safdie se adentra en la oscuridad de ese pensamiento antropocentrista típico del canon “americano” con el fin de analizar los límites y las consecuencias de la ambición. Justamente por ello, la inconsciencia, el oportunismo y el egoísmo marcan las acciones de un protagonista apresurado hasta el final. Ahí, con el último plano se puede llegar a intuir una posible redención que permite a la audiencia debatir sobre todas las cuestiones abordadas previamente.
Firma: Yoel González
Nueva York, 1952. Marty Reisman es un buscavidas que sueña con convertirse en el mejor jugador de ping-pong del mundo. A través de apuestas y otras artimañas, va consiguiendo hacerse un hueco en distintos campeonatos. Sin embargo, en su mente parece no tener en cuenta a costa de qué.