Pascal Bonitzer recupera al reconocido personaje de Georges Simenon en una propuesta desangelada. La rígida realización, los pesados diálogos y la falta de urgencia no llegan a generar el suspense ni el interés deseados.
El comisario Maigret, personaje creado por Georges Simenon a finales de los años 20 del siglo pasado, ha sido en múltiples ocasiones adaptado tanto a la pequeña como a la gran pantalla. De esta manera, no resulta extraño que su nueva incursión en el cine, de la mano de Pascal Bonitzer, arranque sin ningún tipo de presentación y vaya directamente al detonante de la trama, presente en el título de la película.
En Maigret y la muerte del embajador, el comisario se percibe como un personaje sereno y sin un carácter tan resultón si lo comparamos con otros míticos de novelas de misterio como Poirot o Sherlock Holmes. Esto supone un acercamiento más humano, pero también provoca que el argumento tenga un mayor peso a la hora de atrapar al espectador. Y en este caso, no lo consigue.
La historia se concentra en una investigación principalmente en interiores y, con el paso de las entrevistas a los distintos sospechosos, se va destapando el supuesto homicidio. El principal inconveniente, por eso, es que el caso nunca acaba de resultar interesante. Este se construye con un déficit de tensión y presenta a Maigret como un inspector que asegura la resolución del incidente, sin lograr implicar nunca al espectador. En ningún momento se siente riesgo alguno, ni nada que esté en juego, ni se introducen complicaciones serias antes del desenlace.
A todo ello se suman dos rasgos que entorpecen aún más la cinta. Por un lado, es una propuesta cimentada en sus diálogos, los cuales acaban deviniendo tediosos y se estiran en exceso, algo que enlentece aún más la investigación. Por otro, Bonitzer apuesta por una sobriedad en su realización que, en lugar de desembocar en una sencillez reveladora, deriva en una rigidez que hace del visionado algo plano y artificioso. Así pues, Maigret y la muerte del embajador puede suscitar el interés de los seguidores del personaje, pero, al margen de ello, resulta una propuesta algo descafeinada.
Firma: Yoel González
El comisario Maigret, junto al comandante Janvier, son convocados con urgencia para resolver un nuevo caso: Monsieur Bethier-Lagès, un renombrado exembajador, ha sido encontrado muerto a balazos esa misma mañana por su asistenta, Mademoiselle Larrieu. Al llegar al apartamento del fallecido, Maigret y Janvier encuentran un armario lleno de cartas románticas entre Bethier-Lagès y la princesa Vuynes, cuyo esposo también acaba de fallecer casualmente. El sorprendente affaire, los secretos de ambas familias y el silencio de Larrieu abren las puertas a un misterio con sorpresas escondidas para Maigret.