Una sobrecogedora radiografía de los últimos días de María Antonieta y su familia muy bien interpretada y ambientada. Con gran realismo, el filme retrata el proceso de aislamiento y degradación que vivieron con el inicio de la Revolución.
El director italiano Gianluca Jodice escribe y dirige Le Déluge (traducido del francés como “el diluvio”). Tiene todo el sentido que el título aluda a este lapso, el cual retrata los últimos días de María Antonieta, su esposo el rey Luis XVI y sus hijos. El arresto, sin despedidas ni explicaciones, supuso para la familia real un auténtico jarro de agua fría. Los revolucionarios tomaron posesión del Palacio Real y de todas sus pertenencias, sus honores y los condujeron a la Torre del Temple, donde tuvieron que esperar una sentencia inminente. Es así como la refinada consorte real María Antonieta fue despojada de sus vestidos, sus joyas y su estatus, y separada de su marido; así pues perdió no solo sus privilegios, sino también su dignidad.
Establecido el contexto, Los últimos días de María Antonieta cautiva por diversos elementos. En primer lugar, su acertada estructura en tres actos que delimita claramente unos capítulos que acompañan el proceso psicológico y emocional de los personajes: Los Reyes, Los Hombres y Los Muertos. A través de ellos se observa cómo la condición real se va desvaneciendo hasta reducirse a las cenizas de las necesidades más básicas del ser humano (como comer y defecar), para finalmente desembocar en la condena a muerte por guillotina. En esta línea, los lujos dan paso a la cárcel y esta a la desaparición absoluta de la monarquía; una abolición simbolizada por un instrumento concebido para eliminar las distinciones de clase en el momento de la ejecución: la guillotina
En segundo lugar, los personajes están muy bien matizados psicológicamente y las interpretaciones de Guillaume Canet y Mélanie Laurent destacan por su contención. Ambos van dejando aflorar progresivamente la dimensión dramática de la situación y culminan con un clímax soberbio. También sobresalen el diseño de vestuario y la ambientación, que recrean con precisión tanto la corte como la Torre del Temple. A ello se añade una música dramática idónea y unos diálogos sobrios pero profundos, acompañados de miradas elocuentes y silencios tensos que lo dicen todo sin decir nada.
Para más inri, la puesta en escena refuerza el tono de verosimilitud histórica. El uso de colores apagados, los claroscuros en la iluminación y la evolución emocional de los personajes —desde la negación, pasando por la depresión y la ira, hasta la aceptación del fatal destino— contribuyen a intensificar el impacto del filme. Y así, queda una obra sobrecogedora que invita a reflexionar sobre uno de los periodos más turbulentos de la historia de Francia.
Firma: Rocío Montuenga
En París, en 1789, estalla la Revolución Francesa. Años más tarde, el rey Luis XVI, su esposa María Antonieta y sus hijos son arrestados y trasladados a la Torre del Temple, un edificio oscuro y aislado donde quedan completamente apartados de la vida de la corte. Allí, despojados de sus privilegios y apabullados por la incertidumbre, los monarcas deben enfrentarse a una existencia marcada por la vigilancia, la humillación y la pérdida progresiva de su dignidad. En ese encierro transcurren sus últimos días antes del juicio y la posterior ejecución en la guillotina.