Little Amélie es una propuesta increíblemente imaginativa e inteligente que abre el listado de mejores películas del presente año. Un relato sencillo, bien articulado y con una colorida animación para compartir en familia.
En Metafísica de los tubos, la escritora belga Amélie Nothomb rememora los tres primeros años de su infancia japonesa. Maïlys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang recogen estos episodios narrados por Nothomb y mantienen su característica primera persona: una voz que se moldea como si una criatura de corta edad contara cómo ve el mundo exterior y cómo sobrelleva las distintas emociones con las que se va encontrando.
Este original punto de vista es traducido a imágenes en Little Amélie con una colorida animación que emula los trazos de la pintura diluida en agua y se compone de diseños en 2D sin relieves. Estos sencillos bocetos refuerzan la mirada de la pequeña protagonista, llena de amabilidad y ternura. Todo ello rema a favor de una propuesta que consigue mantener ese tono divertido y fresco de la novela original.
Adentrarse en ese mundo de la inocente Amélie significa atender a cómo lo ordinario se entremezcla con lo poético y con lo filosófico. De esta manera, las primeras palabras, el primer lloro o testeo de chocolate blanco, el cambio de las estaciones, la crianza con su cuidadora, etc. se viven como momentos únicos e invitan al espectador a apreciar aquello que rodea su día a día. No hay grandes giros, ni conflictos, ni sorpresas, pero el guion se construye con detalle y esmero para centrarse en la esencia: su personaje troncal, Amélie.
Sin embargo, sería un error reservar esta magnífica obra a un público infantil, puesto que la cuidada sensibilidad con la que se construye apela a todas las edades y colma a todas ellas de emociones positivas y reflexiones importantes. Porque, aunque el argumento avance con sencillez, la inquieta mente de Amélie explora igualmente complejos temas humanos, que afectan a todos, como los cambios de la vida, la muerte o el duelo. Eso sí, los directores lo saben llevar con sumo tacto para no oscurecer un relato especialmente luminoso en el que destaca el cariño de los padres, las conexiones sinceras entre personas pasajeras, el valor de la interculturalidad o la belleza de lo cotidiano.
Firma: Yoel González
La pequeña Amélie nos narra su viaje personal durante sus tres primeros años de vida: desde su nacimiento, pasando por el acontecimiento que rompió su burbuja de bebé hasta la sucesión de descubrimientos que siguieron y la llevaron a conformar, poco a poco, su propia identidad.