El libro de las imágenes

Crítica El libro de las imágenes

Análisis

Una breve introducción, cinco partes y un breve epílogo forman El libro de las imágenes, la última película de Jean-Luc Godard, en la que reflexiona sobre el mundo, el cine, la guerra, el contexto árabe, el lenguaje o la política en Europa.


Dividida en cinco partes como cinco dedos de una mano que los incluye a todos, El libro de las imágenes (2018) es el último largometraje del maestro Jean-Luc Godard. Una voz en off anuncia en los primeros compases: “la verdadera condición del hombre: pensar con las manos”, para ver a continuación sus manos trabajando un trozo de celuloide en una moviola y la escena de la mano a punto de cortar un ojo en Un perro andaluz (Buñuel, 1928). En la última parte de la película, su voz dirá: “Con cinco dedos haré el acto redentor: la mano”. La intervención manual del director en su cine es un rasgo que, pese al digital, no se olvida en toda la proyección. Como ha anunciado Avalon, la distribuidora, hay “cambios de formato en la imagen, sonidos que no coinciden con la imagen y momentos que no están subtitulados, todo es absolutamente deliberado”.

En su primera etapa como creador, la que va de Al final de la escapada (1960) a Week-end (1967), rompió la relación entre forma y contenido: “la forma, al elaborarse conscientemente, más que transmitir un contenido lo que hará es fabricar un contenido” . Como él afirmó: “Es la forma quien piensa, en el cine. En el mal cine es el pensamiento quien forma”. Después vinieron los años de cine militante y de vídeo a finales de los sesenta y setenta, para luego regresar a los 35mm y a la ficción en los ochenta. A finales de esta última década, reflexionó –más bien siguió reflexionando– acerca del siglo XX y el cine con los ocho capítulos de sus imprescindibles Histoire(s) du cinéma (1988-1998).

Con El libro de las imágenes y a las puertas de cumplir noventa años, el director residente en Rolle, Suiza, sigue pensando en cine, en la relación que hay o puede haber entre dos planos completamente distintos, entre la imagen de uno y el sonido de otro, entre la imagen real y la imagen ficcionada. Godard nos presenta la confrontación de dos situaciones parecidas en contextos distintos: la relación que ha tenido con Nicholas Ray, la relación entre la ficción y la realidad –siempre más cruda–, o la relación entre el sonido de una película añadido a la imagen de otra. Todo esto es posible gracias al montaje: “montar supone poner dos imágenes a la misma altura y compararlas. El montaje tiene propiedades infinitas. Pensar el cine, en general, es montar. Cuando decimos que una película nos recuerda a otra, las estamos montando en nuestra cabeza” . Como dice el mismo Godard: “Dos imágenes están hechas para entrecruzarse, no para ser seguidas de…, sino para construir una tercera imagen”. Esta tercera imagen, pese a construirla el director, solo la vemos si también la construimos nosotros, los espectadores, al asimilar y relacionar las dos primeras imágenes. De ahí que el cine de Godard, sus planos, no sean 1+1=2, sino 1+1=3 o, en su defecto, 1+1+1=3.

La película sigue con reflexiones acerca del mundo árabe y el lenguaje para terminar oyendo toser al propio Godard mientras vemos la muerte de Claude Dauphin en El placer (Öphuls, 1953), en la que interpreta a un anciano que se esconde detrás de una máscara para volver a sentirse joven. Esperamos que este momento, tan emocionante como estremecedor con el sonido 7.1 de la sala de cine, no signifique que estamos delante de la última película de Jean-Luc Godard, uno de los mejores, más grandes e importantes cineastas de toda la Historia del Cine, alguien que cuando se puso a dirigir deconstruyó todo lo que conocía para después hacer lo que nadie más podía llevar a cabo: evolucionar el cine, llevarlo al siguiente estadio, el del director pensando, trabajando y moldeando el cine, las películas, el celuloide, el vídeo, el digital… a la vez que reflexionaba con él, no desde él. Allí donde los Griffith, Dreyer, Vertov, Eisenstein o Rossellini lo dejaron, tomó su relevo no para hacer lo mismo, sino para usar sus códigos de modo distinto otorgando al cine una libertad que nadie más iba a poder darle. Como él mismo escribió, “había el teatro (Griffith), la poesía (Murnau), la pintura (Rossellini), la danza (Eisenstein), la música (Renoir). Pero desde ahora hay el cine. Y el cine es Nicholas Ray” .

Cuando publicó este artículo, aún no había filmado ningún largometraje. 61 años y un centenar de obras después, podemos afirmar que desde Godard hay el cine. Y el cine es Jean-Luc Godard.

Firma: Andreu Arribas

ficha técnica

Director: Jean-Luc Godard

Guionistas: Jean-Luc Godard

Intérpretes: -

Género: Documental

País: Suiza

Fecha estreno: 22/02/2019

Lenguaje: Coloquial

Público

+12 años

Valoración

Contenido

Humor

Acción

Violencia

Sexo

Nada excepto silencio. Nada excepto una canción revolucionaria. Una historia en cinco capítulos, como los cinco dedos de una mano.

País: Suiza

Fecha producción: 2018

Distribuidora: Avalon

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