Una película italiana ambientada en el final de la Segunda Guerra Mundial, basada en una historia real. Solo el vestuario, la fotografía y una convincente Elisa Schlott salvan un filme que podría haber llegado mucho más lejos.
Las catadoras de Hitler se basa en la novela La catadora, de la escritora italiana Rosella Postorino, inspirada a su vez en la historia real de Margot Wölk, una de las mujeres obligadas a probar la comida de Hitler entre 1943 y 1944. A partir de este material, el director Silvio Soldini propone una nueva mirada sobre la ya recurrente temática de la Segunda Guerra Mundial, la opresión del régimen nazi y el conflicto entre alemanes y judíos.
El filme, sin embargo, en lugar de centrarse en lo bélico, destaca por dos aspectos principales: por un lado, transforma un acto cotidiano como comer en un ejercicio extremo de control y poder por parte del Führer; y por otro, adopta una perspectiva marcadamente femenina. Siete mujeres se ven obligadas a asumir el papel de catadoras no solo como medio de supervivencia económica, sino también como forma de sostener a sus familias en un contexto de ausencia, espera o pérdida de sus esposos a causa de la guerra.
Pese a un punto de partida dramático e interesante, Las catadoras de Hitler se queda lejos de sus iniciales posibilidades. En primer lugar, por un guion poco sólido, donde la trama cae en repeticiones constantes que restan fluidez y tensión narrativa: las situaciones se reiteran una y otra vez casi sin variaciones hasta el final del metraje, sin giros ni verdadera intriga. Así pues, el conjunto se convierte en una sucesión de acciones similares. En segundo lugar, la duración del metraje deviene excesiva y se enlentece aún más con un uso abundante de unos diálogos que, en ocasiones, resultan forzados. Y, en tercer lugar, el filme persiste en incluir situaciones que desvían el foco del conflicto principal como la inclusión de un aborto inverosímil o las recurrentes escenas íntimas de marcada explicitud.
Solo una fotografía bellísima, una ambientación y estética muy cuidadas, un tratamiento del color en tonos desaturados y un juego de claroscuros, junto con la magnífica interpretación protagonista de Elisa Schlott –contenida, austera pero expresiva–, consiguen elevar en parte la propuesta.
Firma: Rocío Montuenga
En noviembre de 1943, Rosa abandona un Berlín devastado por los bombardeos y se refugia en Prusia Oriental, en el pueblo donde viven sus suegros, mientras espera noticias de Gregor, su marido, destinado en el frente. Allí descubre que el bosque cercano esconde la temida “Guarida del Lobo”, el cuartel secreto de Hitler. Pronto, Rosa es obligada, junto a otras seis mujeres del pueblo, a probar cada plato destinado al Führer para cerciorarse de que no esté envenenado. Dominadas por el miedo, la angustia y la amenaza de la muerte, las catadoras forjan un íntimo vínculo para sobrevivir en medio de la violencia y la incertidumbre, amparadas a la esperanza de que la guerra llegue a término. Sin embargo, en ese escenario regido por la oscuridad descubrirá un inesperado sentimiento.