Inspirada en la figura de María Reiche, Lady Nazca retrata su apasionada dedicación a las líneas de Nazca. Un biopic de gran belleza visual, aunque lastrado por un ritmo monótono y el escaso desarrollo de sus personajes.
El debutante suizo Damien Dorsaz dirige y coescribe Lady Nazca, un filme inspirado en la figura de María Reiche, cuya vida quedó marcada por una vocación que acabó convirtiéndose en una tenaz obsesión. La protagonista evoca a algunos de esos personajes tan característicos del cine de Werner Herzog: seres cuyo empeño resulta incomprensible para quienes los rodean, pero que perseveran hasta las últimas consecuencias. La película apenas se detiene a explicar el origen de esa determinación, más allá de la necesidad que siente María de encontrar un propósito vital. A partir de ahí, sigue su inagotable dedicación a las líneas de Nazca, en Lima, recorriendo el desierto y estudiando sus misteriosas figuras para preservar y dar a conocer un patrimonio arqueológico hasta entonces poco conocido.
La narración apuesta por un ritmo pausado y contemplativo, que centra casi toda su atención en el viaje interior de la protagonista. Los personajes que la rodean, incluida su amistad —de contornos algo ambiguos— con Amy, quedan deliberadamente relegados a un segundo plano para reforzar la conexión de María con la cultura nazca y con el paisaje peruano que acabará dando sentido a su existencia. Sin embargo, esa misma apuesta por la contención termina jugando en contra del relato. La historia avanza con un pulso excesivamente plano, sin apenas conflictos ni giros dramáticos que renueven el interés, mientras que las relaciones personales de María apenas llegan a desarrollarse. Consecuentemente, al conjunto se le resta buena parte de la emoción que podría haber alcanzado. A pesar de que Lady Nazca se percibe como una propuesta de escasa acción y marcado carácter intimista, en algunos momentos esa contención acaba rozando la monotonía.
Aun así, estamos ante una película claramente minoritaria cuyo principal acierto reside en el homenaje que rinde a quienes dedican su vida a proteger el patrimonio histórico y cultural. Damien Dorsaz acompaña esa mirada con una puesta en escena de gran belleza, reforzada por la delicada fotografía de Gilles Porte, que captura con sensibilidad la inmensidad y el magnetismo del desierto peruano. A ello se suma la sólida interpretación de la joven turco-alemana Devrim Lingnau, capaz de sostener un personaje cuya fuerza nace más de los silencios y miradas, que de los grandes movimientos.
Firma: Rocío Montuenga
Perú, 1936. María, una joven maestra alemana que busca construir una nueva vida en Lima, encuentra un camino inesperado cuando conoce al arqueólogo francés Paul d’Harcourt. Junto a él llega al desierto de Nazca, donde el descubrimiento de unas enigmáticas figuras ancestrales trazadas sobre la inmensidad de la pampa despierta en ella una profunda fascinación. Lo que comienza como un encuentro fortuito con uno de los mayores misterios del mundo antiguo se transforma en una pasión que cambiará su vida para siempre. Frente a las dificultades y al paso del tiempo, María dedicará su vida a proteger, estudiar y revelar el significado de las líneas de Nazca, para dar a conocer al mundo este extraordinario legado.