El primer largometraje de Isaiah Saxon es un filme familiar y de aventuras para todos los públicos. Con una fotografía bellísima, las interpretaciones de Williem Dafoe y Helena Zengel enaltecen el relato.
El director y guionista Isaiah Saxon lanza su primer largometraje, un relato que fusiona el mundo humano y el de lo fantástico desde una mirada profundamente estética. La leyenda de Ochi es una propuesta familiar que destaca por una fotografía exquisita y una banda sonora envolvente, elementos que refuerzan su carácter sensorial y contemplativo.
Inspirada en el cine de aventuras clásico, la película logra convencer al posicionarse como un título para todos los públicos y apoyarse en una estética sorprendente por su naturalismo y, al mismo tiempo, por la fantasía de las criaturas que construye: los Ochi. Los paisajes frondosos, los árboles que se alzan imponentes, la noche en su máxima oscuridad, la tierra mojada, la madera de los hogares y el remoto poblado donde vive Yuri con su padre conforman un universo visual muy sugerente. Saxon sabe aprovechar cada imagen para envolver al espectador en una experiencia inmersiva que lo transporta a un mundo paralelo, apasionante y lleno de posibilidades.
En este contexto, el filme articula una trama de redención que se desarrolla en dos planos. Por un lado, la relación de Yuri con su padre, Maxim, un hombre obsesionado con el exterminio de los Ochi, armado con su todoterreno, su escopeta y el apoyo de varios jóvenes -una suerte de Niños Perdidos-, que evocan a los de Peter Pan. Willem Dafoe ofrece una interpretación sólida y matizada, encarnando a un personaje que acaba reconciliándose con su familia, paradójicamente, gracias a esas mismas criaturas a las que persigue, maldice y desea eliminar a toda costa.
Por otro lado, la película propone una interesante reflexión sobre el lenguaje y la comunicación. Frente al lenguaje humano, articulado a través de palabras, letras y sonidos, se presenta el lenguaje de los Ochi, basado en vocalizaciones escuetas pero repletas de significado. Esta forma de comunicación será aprendida e integrada por Yuri, interpretada con solvencia por Helena Zengel, quien se convertirá en el puente entre dos mundos aparentemente irreconciliables que deja una clara lección de convivencia pacífica con lo desconocido, incluso cuando parece ajeno o amenazante.
Como resultado, La leyenda de Ochi ofrece una experiencia de gran belleza visual y un mensaje naturalista implícito que se percibe como aire fresco dentro del cine familiar. No obstante, quizá peca de no profundizar lo suficiente en algunas relaciones clave, como la paternofilial o la matrimonial —también fragmentada— y se queda así más cerca de la síntesis simbólica entre mundos divergentes que del desarrollo emocional de sus personajes.
Firma: Rocío Montuenga
En una pequeña aldea de Carpatia vive Yuri, una niña introvertida criada como hija única por su excéntrico y autoritario padre. Con una mentalidad casi militar, él le ha inculcado y a otros niños del lugar el temor a unas esquivas criaturas primates conocidas como los “Ochi”. Un día, al adentrarse en el bosque, Yuri encuentra a una cría de Ochi asustada y separada de los suyos. Ese pequeño indefenso y herido, a través de su inesperada amistad con la niña, cambiará para siempre el destino de la relación entre humanos y Ochi.