El acercamiento a la presente situación de los ancianos en clave distópica acaba adoleciendo por un cúmulo de elementos mal conjugados y un discurso frívolo. Los contados aciertos del film no lo sacan de su propio vacío.
No hace falta ser un gran observador ni un agudo analista para darse cuenta de que la sociedad actual está formada por una población envejecida, al menos en los países del llamado Occidente. Una gran cantidad de personas mayores, cargadas de experiencia y curtidas por años de trabajo que, en muchos casos, son los responsables de alcanzar para nosotros algunos de los derechos que ahora consideramos innatos e indispensables. Sin embargo, la carga económica y de cuidados que conlleva, que ha conllevado desde siempre, la vejez parece ser ahora lo único que preocupa a gobernantes y ciudadanos. En este contexto, las respuestas que se dan en ocasiones son escalofriantes. Ya comentamos en estas páginas la película Plan 75, de 2022, que es un buen ejemplo de ello.
En el presente film, escrito y dirigido por Alanté Kavaïté, se parte de la detección de ese problema planteando una situación distópica: una isla en la que se refugian un grupo de ancianos que se han evadido de la obligación de vivir en residencias y están cuidados por una joven. Si La isla de la Belladona fuese un libro, la portada no podría ser más atrayente e interesante. El problema viene cuando al planteamiento inicial le sigue un desarrollo que ocupa prácticamente todo el metraje y en el que no se cuenta nada, un relleno de aire que se va desinflando o desmoronando hasta una contraportada que termina de destrozar el proyecto.
El largometraje acaba reuniendo un conjunto de elementos inconsistentes: unos personajes planos, unos paisajes (y su simbología) repetitivos, una sensualidad facilona, una intriga decepcionante y, finalmente, un cierre panfletario. Diría que además incoherente, pero como tampoco es que el guion desarrolle grandes ideas, la contradicción no es tan grave.
Estéticamente es más que correcta y la interpretación que hace Nadia Tereszkiewicz de Gaëlle destaca, aunque solo sea por llevar todo el peso de la película. Todo lo demás es un vacío, existencial y artístico, para pedir a los ancianos que desparezcan y que además lo hagan contentísimos de dejarnos a los demás en paz. Una pena.
Firma: Esther Rodríguez
En un futuro próximo Francia ha obligado a los ancianos a recluirse en residencias. En una isla, la joven Gaëlle cuida de un grupo de mayores que se esconden allí para vivir a su manera. La llegada de una doctora con su hija y su hermano provocará cambios en la rutina de la isla.