Este drama ambientado en el seno de una familia nazi durante el final de la contienda hace de su tono y su mirada infantil el foco de interés de la propuesta, construida con tremenda sensibilidad y cierto constumbrismo.
En La isla de Amrum, Hark Bohm coescribe junto al director Fatih Akin una historia basada en sus vivencias durante su infancia en el mar del Norte; una etapa marcada por las tensiones ideológicas ante la inminente caída del régimen nazi y la hamburna ocasionada por la guerra. Ese contexto les sirve a los coguionistas para narrar una coming of age con tintes de drama histórico y un pasajero relato de amistad.
Ambientada unos años antes de Land of mine y sumergiéndose en el seno de una familia nacionalsocialista como hizo Jonathan Glazer en La zona de interés, Fatih Akin se distancia de la oscuridad y del ejercicio formal de esta última para profundizar más en la interioridad de sus personajes y apostar por una narración más accesible. El realizador alemán opta por contar el film desde el punto de vista del hijo de la familia; una mirada infantil que, junto a un costumbrismo argumental, permiten que la dureza del contexto quede en el trasfondo y facilita una reflexión desde el interior de los personajes.
Las andanzas del joven y perseverante Nanning –debut de un talentoso Jasper Billerbeck– para conseguir los ingredientes con los que preparar un pan blanco con mantequilla y miel para su madre funcionan, en realidad, como una mera excusa narrativa. Tras eso, existe una voluntad por retratar el fin de una etapa oscura, la esperanza futura y la incertidumbre ante la posibilidad de cambio (o no) de algunas personas.
En definitiva, La isla de Amrum es una de esas historias humanas que invitan a reflexionar sobre cuestiones éticas, a revisitar la historia desde nuevos prismas (para no caer en el olvido) y a resaltar la absurdidad de la guerra. La inocencia del protagonista, el acompañamiento de Kian Köppke en el papel de su mejor amigo o la contención dramática –incluso en escenas tan simbólicas como el nacimiento del tercer hermano de Nanning el mismo día de la muerte de Hitler– configuran un relato amable para un amplio público.
Firma: Yoel González
Durante la primavera de 1945, en la isla de Amrum comienza a respirarse el final de la Segunda Guerra Mundial. Ante la ausencia de su padre nazi, Nanning, un joven de doce años, se ha convertido en el responsable de traer alimentos a casa para sobrellevar la hambruna. Hermann, su mejor amigo, lo acompaña en esta dura etapa, le ayuda a ingeniárselas para encontrar nuevos trabajos de subsistencia y le abre otra mirada distinta frente a los sesgados relatos que le han contado en casa. Sin embargo, a medida que la ansiada paz se acerca, Nanning se enfrenta a un descalabro en su propio hogar y deberá comenzar a decidir quién quiere ser a partir de ahora.