Esta comedia romántica cae en todos los maniqueísmos y las frivolidades de muchas películas similares del género. Tan solo su componente musical, el trabajo actoral y un final de redención –tardío eso sí– consiguen extraer algunas cualidades.
Antes del estreno en Netflix de Compañeras de cuarto, Chandler Levack filmó su segundo largometraje, La ironía del amor, que llega ahora a las salas españolas. La directora vuelve a presentar una historia que indaga en los entresijos y las complejidades de la adolescencia tardía y la juventud. En este caso, sigue a Gracie, una apasionada crítica musical, durante su estancia veraniega en Montreal, donde quiere impregnarse de la esfera artística de la ciudad para sacar adelante la escritura de su primer libro sobre Alanis Morissette.
La película se presenta así como una comedia romántica juvenil bañada por canciones de indie rock y un acercamiento a la vida veinteañera de la ciudad canadiense. Lo que arranca como un contexto sugerente y apetecible para pasar un buen rato, pronto se encuentra con ciertas irregularidades. Una de ellas es la protagonista: una joven apasionada, con dudas, y también irresponsable. Barbie Ferreira –en su apuesta por las producciones independientes tras su paso por Euphoria– consigue atrapar con su interpretación y dotar de ese tono infantiloide a Grace. Sin embargo, esto resulta contraproducente, ya que la empatía del personaje se va rompiendo y sus imperfecciones, típicamente humanas, no se trabajan lo suficiente como para dimensionar su personalidad y sentirla comprensible.
A nivel narrativo, La ironía del amor va cayendo en ciertos tópicos del género que la hermetiza y la entierra en una sucesión predecible y desangelada de sucesos. Entre ellos, se resiente la obsesión descarada de la protagonista por el “malote” de turno –un tóxico de manual– y el abandono constante de las amistades a un segundo plano utilitarista, frívolo y menospreciado –que luego parecen encontrar un perdón por arte de magia–. Asimismo, lo que se plantea como un triángulo amoroso, no acaba siendo del todo así; aunque la perspectiva egoísta del amor romántico mostrado sea ciertamente cuestionable.
Frente a este panorama, la cinta encuentra cierto alivio en un ritmo ligero, un metraje no excesivamente largo y la química entre Barbie y Devon Bostick. Ambos configuran las escenas de mayor profundidad y sensibilidad, al mismo tiempo que ejemplifican un modelo positivo de relación (con sus déficits comunicativos iniciales para poder construir una trama con cierto tiraje). Junto a ellos, es imposible olvidarse del papel de Stanley Simons como un despreciable Chevy, a quien dota de matices para despertar el rechazo necesario en el espectador. En definitiva, la historia llega a buen puerto gracias al trabajo del elenco y, pese a los maniqueísmos del género, se pueden sonsacar reflexiones positivas –muy hacia el final– como la de qué tipo de relaciones deberían cuidarse y cuáles deben ser algunas actitudes positivas para sostenerlas.
Firma: Yoel González
Durante el verano de 2011, Grace, una joven crítica musical, se muda a Montreal para cambiar de aires e intentar terminar un libro sobre una de sus cantantes favoritas. Allí, su llegada la pone en contacto con los miembros de Bone Patrol, una banda de indie rock que está dando sus primeros pasos. En medio de ese contexto, Grace se enamorará de uno de ellos y la obligará a iniciar un viaje inolvidable hacia la madurez.