La asistenta funciona como thriller comercial, ágil y visualmente cuidado. Sin embargo, flaquea en profundidad al primar lo sensual sobre el dilema moral auténtico que atraviesa la historia de la familia Winchester.
La asistenta, adaptación cinematográfica del exitoso thriller doméstico de Freida McFadden, es una película que cumple con creces en el apartado técnico, pero deja sensaciones encontradas en el plano narrativo y, sobre todo, moral. Paul Feig, un director asociado a la comedia (La boda de mi mejor amiga, Last Christmas), se adentra aquí en el terreno del domestic noir con una propuesta tan consumible como «facilona»: eficaz en ritmo y puesta en escena, entretenida y ágil, pero limitada en profundidad y claramente cuestionable en los valores que transmite. Feig opta por recrearse en lo morboso y lo sensual antes que en una verdadera reflexión ética.
Pese a ello, el filme mantiene un ritmo ligero que atrapa al espectador desde el primer minuto. El diseño de producción refuerza el contraste entre el lujo opresivo de la mansión de los Winchester y la precariedad de Millie, obligada a vivir en su coche para mantener su libertad condicional. En este sentido, La asistenta funciona con eficacia como thriller comercial. Incluso a nivel estructural, el giro del midpoint cumple su función: genera tensión, intriga y una sorpresa que lo cambia todo de forma repentina. Y eso, narrativamente, vende; como también lo hacen la violencia explícita y las abundantes escenas sexuales, tratadas con una explicitud que terminan resultando gratuitas.
Así pues, lejos de estar al servicio del relato o de un verdadero conflicto moral, estos elementos se convierten en un reclamo reiterativo que resta fuerza al conjunto. Por ello, pese a algunas interpretaciones destacables del trío protagonista —Sydney Sweeney como Millie Calloway, Amanda Seyfried en el papel de Nina Winchester y Brandon Sklenar como Andrew Winchester—, el largometraje acaba decayendo por su propia vaciedad.
La asistenta podría haber sido más oscura, más inquietante, más intrigante. El dilema moral está presente, pero nunca se explora en profundidad. En su lugar, la cinta prefiere quedarse en la superficie: los cuerpos, lo sensual y lo frívolo sustituyen al suspense psicológico y a la ambigüedad ética. El resultado es un thriller eficaz y entretenido, pero incapaz de aportar algo más allá de su propio consumo efímero.
Firma: Rocío Montuenga
Millie Calloway es una joven con un pasado problemático que acepta un trabajo como asistenta en la lujosa mansión de los Winchester para conservar su libertad provisional. Lo que parece un reto ilusionante para empezar de nuevo se convierte pronto en una auténtica pesadilla cuando salen a la luz secretos inquietantes dentro de la familia.