Basada en la historia real de John Davidson, Kirk Jones escribe y dirige un filme que muestra con sensibilidad cómo viven las personas con síndrome de Tourette. Una bellísima historia de superación.
John Davidson comienza a manifestar tics motores y verbales de forma repentina en plena adolescencia, lo que pronto deriva en insultos involuntarios y una pérdida de control que afecta directamente a su vida cotidiana. Esta situación termina golpeando también su faceta deportiva, culminando en una prueba fallida que provoca la decepción de su padre y su posterior abandono del hogar, que marcará profundamente al protagonista. Tras ser diagnosticado con síndrome de Tourette, John no solo debe enfrentarse a su trastorno, sino también al rechazo social, el acoso escolar y la incomprensión de unos adultos que juzgan su conducta como insolencia o mala educación.
Incontrolable (I swear) retrata con dureza la transformación de un joven común en alguien marginado y pone el foco en el daño que provoca la falta de empatía ante los trastornos neurológicos. Dirigida por Kirk Jones y basada en hechos reales, la historia se estructura en dos tiempos: el estallido de la enfermedad y, años después, su proceso de adaptación, sostenido en gran parte por el apoyo emocional que encuentra fuera de su núcleo familiar. La película combina dramatismo y sensibilidad para concienciar al espectador, subrayando que estas personas no solo necesitan tratamiento médico, sino también comprensión, acompañamiento y cariño.
La música, de tono melancólico, refuerza el realismo del relato y destacan las interpretaciones de Maxine Peake y Shirley Henderson, que aportan matices muy distintos al conflicto. Asimismo, sobresalen Scott Ellis Watson y Robert Aramayo como John, especialmente en la convincente representación de los tics y movimientos involuntarios. La ambientación ochentera está muy cuidada y el guion, contenido, se apoya en los silencios y las miradas elocuentes, junto a diálogos muy bien construidos. En suma, Incontrolable se erige como un filme que invita a la reflexión y a la empatía, mientras muestra hasta qué punto el amor incondicional hacia una persona vulnerable puede ser determinante para otorgar esperanza y sentido a quienes tienen motivos para perderlos.
Firma: Rocío Montuenga
Ambientada en los años ochenta, en Galashiels (Escocia), la historia sigue a John Davidson, un adolescente de quince años con una vida aparentemente normal: deportista, amante de la bicicleta y con un gran talento como portero de fútbol. Todo cambia de forma brusca cuando comienza a sufrir tics, gritos e insultos involuntarios que desconciertan a su entorno. Lo que al principio se interpreta como una actitud insolente en el colegio pronto se intensifica y se extiende también al ámbito familiar y social con movimientos incontrolables que él mismo no comprende.