Hugo 24 se enmarca en esa tendencia de cine social que retrata preocupaciones tristemente actuales. Sin embargo, con un inhábil desarrollo, intenta mover los ánimos del espectador sin darle mucho margen de deliberación.
Después de Libélulas, Luc Knowles vuelve a presentar una historia donde busca visibilizar problemáticas que tocan de cerca al presente de los jóvenes; en este caso, la dificultad por acceder a una vivienda digna. El fondo se mantiene con unos aires constantes de denuncia –aunque con algún cuestionable edulcoramiento de ciertos sectores–, pero decae con la incorporación de la trama de ficción que vertebra el guion.
A nivel argumental, Hugo 24 peca de ser demasiado explicativa y por caer constantemente en la necesidad de subrayar y reiterar evidencias –incluso en aquellos temas de especial relevancia–. Asimismo, las tramas se sobrecargan de giros y trompicones, algunos de ellos metidos con calzador, irrisorios e incluso inverosímiles. Esto impide que la película avance con ritmo y se cohesione con el discurso social buscado.
Algo similar ocurre con la combinación irregular de algunos de sus elementos de realización. Desde una voz en off que no acaba de encajar, usada un tanto arbitrariamente, hasta una serie de decisiones visuales dispares, el film no acaba de encontrar una unidad formal que la sostenga. Se siente, por momentos, como si se estuviera buscando por el camino.
A pesar de que Arón Piper no atrapa como protagonista, el trabajo con el resto del reparto al menos consigue mantener cierto gancho. Marta Etura se mueve con mucha más naturalidad dentro del tono dramático, sin caer en una fría exageración; mientras el carisma del personaje construido por Marco Cáceres brinda algo de luminosidad al relato, a la par que exalta la amistad como un valor esencial para sobrellevar las dificultades.
Hugo 24 queda así como un proyecto que tenía muchas posibilidades, con resonancias importantes respecto al presente y que, sin embargo, decide ir por un camino sobrecargado, poco profundo y, pese a su corta duración, algo extenso.
Firma: Yoel González
Hugo tiene 23 años, se encuentra sin trabajo y comparte piso con su hermana en un barrio madrileño. En vísperas de su cumpleaños, acude a una entrevista de trabajo para una agencia inmobiliaria. De conseguirlo, eso le daría la estabilidad que tanto ansía y, sobre todo, le permitiría afrontar el nuevo problema que ha irrumpido en su vida: el casero les ha dado 24 horas para saldar sus deudas o los desahuciará. En poco tiempo, su realidad dará un vuelco y lo empujará a una carrera contrarreloj para intentar mantenerse a flote.