Chloé Zhao realiza una espléndida adaptación enaltecida por su mirada humana y empática. Hamnet es una conmovedora historia donde el conjunto de brillantes elementos orbita alrededor de una formidable Jessie Buckley.
Cinco años después de publicar su exitosa novela Hamnet, Maggie O’Farrell coescribe su propia adaptación junto a Chloé Zhao. La directora china recoge esta historia de amor y duelo para envolverla con su característica realización llena de delicadeza, empatía y humanidad.
La historia sobre la muerte de un hijo dentro del seno de una familia que se ama podría haber sido una excusa para acogerse a un dramatismo frívolo y lacrimógeno. Aun así, Zhao alumbra con su luz los recovecos de esperanza dentro de este trágico episodio; y, si bien consigue emocionar y conmover, refuerza la importancia del apoyo entre seres queridos para sobrellevar esos momentos desgarradores de la vida. Su mirada llena de amor por sus personajes se traslada a estos, a quienes el espectador acompaña desde bien cerca, con una primacía de los primeros planos que invitan a adentrarse en su intimidad y, al mismo tiempo, meterse en su piel.
Hamnet adopta decisiones teatrales en su puesta en escena –en un guiño a la obra shakespeariana de Hamlet– como los cortes a negro o las salidas de plano, mientras que va construyendo una grandiosa oda al poder sanador del arte –tanto para quienes crean como para quienes son espectadores de dichas creaciones–. Aunque la película adopta un orden cronológico de los hechos –a diferencia de la novela–, el uso minimalista de los flashbacks y la inclusión de pequeñas escenas familiares dotan de frescura al conjunto y refuerzan el peso humano de la narración.
La misma sutileza que se desprende de las imágenes capturadas por Chloé Zhao y Łukasz Żal –director de fotografía encargado del brillante blanco y negro de Cold War e Ida– se traduce en cada una de las interpretaciones. Al margen del preciso trabajo de Paul Mescal por capturar el talante insondable de William Shakespeare o la apasionante revelación que supone Jacobi Jupe, el gran peso del film recae (al igual que en la obra escrita) sobre Jessie Buckley en el papel de Agnes. Su actuación debería ser sujeto de estudio; su hipnotismo combina la delicadeza y el júbilo de la adoración maternal, con la contención, los miedos y la rabia impulsados por el dolor.
Con ella comienza y con ella termina esta adaptación que deja huella y nos acerca a los temas más universales y viscerales, a la par que ejemplifica lo que en ella se cuenta: cómo cualquier obra de arte puede ayudarnos a dejar ir, a reconciliarnos con los peores episodios de nuestras vidas y hallar las fuerzas para seguir adelante.
Firma: Yoel González
Agnes y William Shakespeare se enamoran profundamente y poco a poco van formando una familia. La enfermedad de la más joven los obliga a mantenerse distanciados: ella permanece en Stratford y él persigue sus sueños de literato en Londres, al mismo tiempo que sigue proveyendo a su familia. Sin embargo, los cimientos de su relación se sacuden cuando la tragedia golpea a uno de sus hijos y ambos no saben cómo sobrevivir a ese dolor. Mientras una intenta aferrarse a su recuerdo, el otro se cobija en el silencio y en lo único que sabe hacer para expresarse con sinceridad: escribir.