Una nueva comedia acartonada, con un guion oportunista y ciertos reduccionismos. El liderazgo de Quim Gutiérrez y el espíritu bienintencionado de fondo acaban justificando un visionado algo más ligero.
Haciendo amigos llega predispuesta a convertirse en la comedia española del verano, a la par que se circunscribe dentro de esas producciones que apuestan por cierta inclusión –aunque eso conlleve un edulcoramiento de sus formas–. De esta manera, no es extraño encontrar un tándem formado por el guion de Marta González de Vega, responsable de las sagas de Padre no hay más que uno y A todo tren, y la dirección de David Marqués, quien coescribió Campeones y Campeonex junto a Javier Fesser.
A pesar de ese arranque con el robo de una joyería, el tono de thriller se diluye rápidamente en la comedia y esa línea narrativa se medio emborrona en favor de la trama central: unas colonias de un grupo con diversidad funcional que, a lo largo de una semana, buscarán preparar una obra de teatro. Esa unión de ambas partes no es más que otra decisión cogida con pinzas de un guion oportunista, irregular y que sucumbe a estereotipos reduccionistas. Además, apuesta por una forzada emotividad que, en ocasiones, distancia al espectador.
Si bien los chistes fáciles consiguen puntualmente su cometido, en otros casos resultan metidos con calzador o caen en simples chascarrillos . En este sentido, el reparto es esencial para levantar una recolección de escenas acartonadas. Si se obvia la retahíla de caemos de influencers que no aportan nada narrativamente –ni en lo interpretativo–, el resto de actores consigue mantener cierta vitalidad para sostener el visionado. Eso sí, Quim Gutiérrez con creces en su registro cómico y sabe sacarle provecho a sus interacciones tanto con los veteranos como con los actores noveles.
Aunque se mueve en la delgada línea entre lo dogmático y lo educativo, Haciendo amigos gana aprobación porque invita a realizar un ejercicio de empatía y se esfuerza en visibilizar y celebrar las diferencias. Además, resulta valiosa su posición en defensa de las segundas oportunidades y la posibilidad de redención.
Firma: Yoel González
Antonio y Félix no tienen mejor plan familiar que atracar una joyería. Tras su huida, con la policía pisándole los talones, se cruzan con Eva, una monitora de un grupo de teatro formado con personas con discapacidad. Cuando la joven educadora confunde a Félix con Ángel, un alumno al que están esperando y al cual no conocen aún, tanto padre como hijo ven ahí la puerta perfecta para escapar con el botín. Sin embargo, lo que no esperan es verse aislados en un retiro creativo durante una semana con todo el grupo.