Una secuela que avanza a golpe de efecto: abandona tanto el realismo como la coherencia narrativa. Aunque pueda entretener a un público y visualmente busque impactar, en el fondo se queda vacía.
En esta secuela Ric Roman Waugh retoma la historia de catástrofes que presentó con Greenland: el último refugio en 2020. Después de sobrevivir a la caída del cometa que arrasó con gran parte de la Tierra y la sumió en constantes ataques meteorológicos a gran escala, la familia de Jeff Garrity (Gerard Butler) lleva cinco años a salvo en el búnker de Groenlandia. Sin embargo, cuando el desastre los obliga a emigrar, arranca esta nueva peripecia en busca del único punto supuestamente habitable en el planeta.
A partir del arranque de la película, Greenland 2 queda subyugada a una concatenación de cataclismos exagerados que resultan inverosímiles y rozan lo fantástico –aunque resultan visualmente destacables–. Esto choca con el tono que se intenta mantener de realismo y seriedad a lo largo del metraje. Así pues, los personajes van sobreviniendo a tsunamis, terremotos, lluvias eléctricas, inundaciones, caídas de meteoritos… y el guion avanza a golpes de efecto que abandonan por completo la coherencia narrativa hasta llenarse de gazapos.
Consecuentemente, esta segunda parte resulta vacía y arbitraria, los giros van perdiendo firmeza al estar unidos con pinzas, los personajes secundarios son tratados con desinterés y oportunismo, y entre todo el frenetismo previsible también acaba cayendo en una emotividad forzada. En el trasfondo se mantiene una defensa de la familia como núcleo de estabilidad y una advertencia a abandonar los egoísmos y las guerras de recursos ante escenarios apocalípticos para toda la humanidad. Sin embargo, hasta en su moralina final peca de sobreexplícita. Y así queda una cinta para aquellos que busquen mero escapismo sin mayor profundidad, una propuesta para pasar el rato. Para los que, por el contrario, busquen algo más, aquí no lo encontrarán.
Firma: Yoel González
Durante cinco años, Jeff Garrity, su mujer Allison y su hijo Nathan se han mantenido a salvo en el búnker groenlandés en el que se cobijaron para sobrevivir a la caída del cometa que arrasó con la Tierra. Sin embargo, cuando su refugio se viene abajo, los tres se ven obligados a migrar al único punto que se estima habitable: justo donde el cráter impactó, en el sur de Francia. El viaje que tienen por delante no será fácil en un mundo sumido en el caos humano y natural.