Un entretenido acercamiento al espectáculo de Elvis Presley sobre el escenario, con la característica sobreestimulante realización de Luhrmann. Sin ninguna novedad de formato, esta es una pieza de puro divertimento.
Baz Luhrmann ya presentó su personal homenaje a Elvis Presley en el biopic Elvis, en el que Austin Butler se metía de lleno en la piel del rey del rock and roll. Ahora, cinco años después, regresa a la figura del cantante para entregar una película entre el documental y la concert film (sin aportar novedad alguna a ninguno de ambos formatos). En esencia esta supone, al mismo tiempo, un tributo a los 1100 conciertos que dio entre el 69 y el 77, y un producto de para el disfrute de los fans.
El arranque épico anuncia un montaje picado –elemento característico de la realización sobreestimulante de Luhrmann– que perdura a lo largo de todo el metraje. Esto resulta en una recepción irregular del visionado: por unos momentos resulta abrumador y, por otros, permite aligerar la concatenación de escenas. Sin embargo, cuenta con una absoluta precisión a la hora de dar unidad a los números musicales interpretados a lo largo de los distintos bolos.
Junto a esto, EPiC siempre se ve acompañada por la voz en off del propio Elvis, sacada de entrevistas o ruedas de prensa grabadas durante su trayectoria. Esto permite un acercamiento del público hacia el icono, a quien se entregaba en cuerpo y alma en cada concierto como si fuera la primera vez (como queda ampliamente subrayado en la película). En cuanto a la imagen, Luhrmann se sirve de material de archivo inédito –tanto de ensayos, conciertos o vídeos caseros– en el que prima la acción sobre las meras declaraciones delante de cámara.
Sin embargo, tal como anuncia el título, no estamos ante un documental biográfico y los acontecimientos sustanciales de la vida de la estrella -su paso por el ejército, su carrera hollywoodiense, su vertiente familiar y marital…- pasan de puntillas. Aquí no hay un acercamiento a su intimidad ni a su privacidad, sino puramente a su personaje público y al espectáculo que desplegaba sobre el escenario. Eso sí, se echa en falta una mirada crítica y reflexiva ante ciertas actitudes del artista que, aquí, incluso parecen idolatrarse o minimizarse como los constantes besos con algunas de sus seguidoras.
En resumen, aquellos fans de Elvis disfrutarán con esta película performativa. Aquellos no tan seguidores de él, quizás se puedan entretener y acercarse a su dimensión musical.
Firma: Yoel González
Baz Luhrmann regresa a la figura del Rey del rock and roll para, con grabaciones de archivo inéditas, celebrar los espectaculares conciertos que realilzó entre 1969 y 1977.