La interpretación de Belén Rueda en El vestido sostiene gran parte del relato, pero no logra salvarlo por completo. Con un guion flojo y una trama que no consigue enganchar, la película termina siendo un producto poco convincente.
El fundador de la productora AF Films, Frank Ariza, junto a Jacob Santana —con quien ya había trabajado recientemente en Reversión (Ariza como guionista y Santana como director)— firman ahora El vestido, un relato de terror sobrenatural centrado en una maldición ligada a una misteriosa casa aislada de la ciudad.
Alicia, una madre independiente pero profundamente sobreprotectora, y Carla, una adolescente de carácter transgresor, llegan a ese singular domicilio tras un divorcio traumático para ambas. Obsesionada con el bienestar de su hija y su integración en el nuevo colegio, Alicia comienza a percibir comportamientos extraños en Carla, especialmente durante la noche. El hallazgo de un antiguo vestido azul en un baúl del altillo marca el inicio de una sucesión de hechos inquietantes: heridas inexplicables, distanciamiento emocional y una relación madre-hija cada vez más deteriorada. Alicia se hunde en la paranoia mientras Carla lucha por sobrevivir a una madre progresivamente desquiciada.
El argumento, en sí mismo, carece de verdadero trasfondo. La película intenta explorar temas complejos como la sobreprotección materna o la culpa asociada a experiencias traumáticas como el divorcio, la relación madre-hija, etc. Sin embargo, el resultado es un relato de terror mal resuelto, con un ritmo irregular, unos giros carentes de impacto y sustos que no funcionan. El único pilar que sostiene la película es Belén Rueda, cuya experiencia en el género logra compensar —hasta donde es posible— un guion pobre, con pocas tramas, personajes escasamente desarrollados y un conflicto que nunca llega a generar auténtico miedo. Asimismo, la ambientación está bien lograda: una fotografía oscura, dominada por tonos azulados y grises, que encuentra un sutil contrapunto visual en el rojo de la sangre.
El vestido acaba funcionando más como un entretenimiento fácil que como una obra con ambición dramática. Esta debilidad se hace especialmente evidente en su desenlace, donde el terror deriva de forma abrupta hacia una especie de comedia negra y diluye por completo los valores y temas que pretendía sostener.
Firma: Rocío Montuenga
Tras un divorcio complicado, Alicia se muda con su hija Carla a una vieja casa aislada en busca de un nuevo comienzo. Pronto, una oscura historia de tragedias que se repiten de generación en generación comienza a desvelarse. Mientras Carla entra en contacto con una misteriosa chica fantasma a través de un vestido azul, Alicia cae en una paranoia cada vez más angustiosa, convencida de que su hija es la culpable de los terribles sucesos ocurridos desde su llegada a la casa.