Este biopic musical resulta un acercamiento tosco, efectista y poco documentado del personaje de Ann Lee y la comunidad que fundó. Solo tres elementos se salvan de una propuesta prometedora que cae en saco roto.
Ann Lee fue un personaje real, poco conocido fuera de su Manchester natal y de la zona de Estados Unidos en la que desarrolló la mayor parte de su actividad religiosa y donde murió. Una mujer que se pone al frente de una comunidad religiosa, o que la funda, era algo habitual en el mundo católico, pero no en el protestante y, entre otras cosas, por eso tuvo que emigrar a las colonias inglesas de América. Acercar este interesante perfil era, en este comienzo de siglo donde se lucha por visibilizar a las mujeres, una tarea pendiente que el cine podía realizar. Y todavía puede, ya que la propuesta de Mona Fastvold deja mucho que desear.
El guion se centra en Ann Lee, como mujer, y en lo más anecdótico de su mensaje: los bailes o movimientos con los que, supuestamente, el Espíritu Santo expulsaba el pecado de sus cuerpos, por lo que a sus seguidores les llamaron “shakers”. Esta circunstancia parece que dio pie a Fastvold para convertir en una especie de musical este biopic. Pero como todo en este film, se queda en un intento fallido. La música, bella, y los bailes “agitados” son siempre iguales, no hay ningún cambio de ritmo ni de melodía por lo que son tremendamente repetitivos, lo que lleva al aburrimiento y finalmente a la exasperación. 136 minutos es demasiado para tan poca variedad musical y coreográfica.
Entiendo que los realizadores tampoco querían o sabían describir su pensamiento religioso. Su rechazo al sexo no encaja con el empoderamiento actual de la mujer y dicho puritanismo lo compensa Mona Fastvold multiplicando cansinamente las escenas de sexo explícito. Tampoco otras partes de la doctrina o la moral de los “shakers” se reflejan y esta ausencia la equilibra con críticas poco sutiles a todo tipo de religión.
En definitiva, el tres que lleva por nota corresponde: uno al vestuario, otro a la fotografía y el tercero para Amanda Seyfried, la única que parece tomarse en serio su papel. El resto de sus correligionarios parecen alumnos de la Julliard, o de la antigua serie Fama, preparando la audición final del curso.
Firma: Esther Rodríguez
Desde pequeña, Ann Lee ha querido dedicarse a Dios. En su Manchester natal, durante el siglo XVIII, debe trabajar en el taller de algodón mientras encuentra una iglesia que colme sus ansias religiosas. Finalmente, unas visiones divinas le impulsarán a crear su propia sociedad de creyentes.